“Firme y feliz por la Unión”, por Jakke Valakivi
“Firme y feliz por la Unión”, por Jakke Valakivi
Jakke Valakivi

El comisionamiento y afirmado del pabellón nacional del buque armada peruana Unión, realizado el 27 de enero, constituye un hito en la historia naval peruana, un momento de orgullo patrio y una ocasión de justo reconocimiento a una hermosa singladura que llega a buen puerto gracias a la decisión política, a las capacidades técnicas, a la cooperación internacional y a la vocación de grandeza. 

Este buque escuela a vela reconoce nuestra historia reciente rememorando la mítica corbeta Unión (1865), comandada por Miguel Grau, así como el lema de la República: “Firme y feliz por la Unión”. También recuerda nuestra tradición prehispánica con la imagen del inca Túpac Yupanqui, el gran explorador del Pacífico, surmontada por el sol del Perú en el soberbio mascarón de proa. Cuando se haga a la mar, con las nuevas generaciones de cadetes navales a bordo, llevará por los océanos lo mejor del Perú. 

El Unión constituye una lección de unidad nacional en torno a un alto propósito que trasciende las individualidades y posterga las diferencias. En primer lugar, por sus características (cuatro palos, eslora o largo total con bauprés de 115,5 metros, desplazamiento de 3.200 toneladas y capacidad para 257 personas), que hacen de él el buque escuela a vela más grande y veloz que haya sido construido en América Latina. En segundo lugar, porque testimonia la capacidad técnica de los peruanos que, en los astilleros de los Servicios Industriales de la Marina (SIMA), desarrollaron este proyecto con los más altos estándares internacionales. En tercer lugar, porque, por primera vez en más de un siglo, el Perú cuenta no solo con un navío emblemático, sino también con un instrumento fundamental para que los futuros oficiales de la Marina de Guerra aprendan las artes de la navegación en la vasta extensión oceánica. La vieja tradición de enfrentar la dureza del mar, de dominar el viento y las olas para llegar al puerto de destino, es una experiencia irreproducible que genera, además de un conocimiento privilegiado de meteorología, astronomía y navegación, un conjunto de herramientas esenciales en la formación naval, como el trabajo en equipo, el acondicionamiento físico y el aprendizaje de valores.

Este último factor, la formación de capital humano, es acaso el más importante por su trascendencia generacional. Porque con la adquisición de aptitudes marineras, el Unión servirá como un claustro universitario para los cadetes navales, con un programa académico que incluye cursos formativos, como derecho internacional y geografía marítima, y materias de aplicación, como maniobra y gobierno de buque, estabilidad, navegación y oceanografía. Además, como es tradición en los buques escuela modernos, el Unión también será una verdadera “embajada” del Perú, pues llevará en sus bodegas exposiciones itinerantes que mostrarán lo mejor de nuestro país.

En el Unión convergen nuestras distintas tradiciones históricas: la exploración prehispánica de los océanos, las hazañas navales de la Colonia y las luchas por la soberanía republicana. El ánimo que ha motivado su construcción es un testimonio vital de lo que Jorge Basadre llamó “la promesa de la vida peruana”, porque en él se encuentra el espíritu del gran almirante Miguel Grau, inspirando a las futuras generaciones de oficiales. Desde este momento, en las distintas ciudades y mares que visite el Unión se paseará con honor el pabellón nacional, poniendo siempre muy en alto el nombre glorioso del Perú.