"La mayor prueba para el ‘brexit’ será su impacto en la economía" (Foto; EFE/ Andy Rain).
"La mayor prueba para el ‘brexit’ será su impacto en la economía" (Foto; EFE/ Andy Rain).
Paul Keller

Excorresponsal de la BBC

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El : ¿un gran tropiezo o un ‘homerun’ para ? La verdad es que es demasiado pronto para emitir un juicio sobre la muy debatida decisión del Reino Unido de abandonar, hace casi nueve meses, la Unión Europea (UE). Esto, no obstante, no ha impedido que algunos comentaristas de los medios de comunicación emitan graves advertencias sobre un inminente desastre económico. Sin embargo, hasta ahora la ruptura con Europa, aunque no ha estado exenta de problemas, tampoco ha sido la catástrofe que muchos predecían. Entonces, tal vez seria mejor preguntarse no cuándo, sino cómo sabremos que la apuesta por el ‘brexit’ ha valido la pena.

Las primeras señales no fueron buenas: en las semanas posteriores al ‘brexit’ (vigente desde el 1ero de enero, 2021), las noticias mostraban camiones haciendo cola en la frontera debido al cambio repentino en los procedimientos aduaneros del Reino Unido. Luego vino un éxodo de trabajadores de la UE, desde banqueros hasta camioneros, después de que se agotaran sus visas; un recrudecimiento de las tensiones sectarias en el territorio británico de Irlanda del Norte por su estatuto aduanero; una disputa pesquera de la UE que requirió la intervención de la marina británica; y, más recientemente, los rumores de que las compras navideñas podrían verse afectadas por la escasez de conductores de camiones. Todo lo anterior, alimenta al ‘lobby anti-brexit’, que perdió el referéndum del 2016 frente a los que, como este escritor, vieron el ‘brexit’ como una forma de recuperar la soberanía del Reino Unido.

Es fácil resaltar los aspectos negativos. Pasar de la noche a la mañana a la autonomía comercial después de 50 años como fuerza líder en el mercado único de la UE fue una tarea enorme. Deseoso de restar importancia a las preocupaciones del público sobre el ‘brexit’, el primer ministro Boris Johnson ha instado a los británicos a abrazar su “emancipación” de Bruselas. Gran Bretaña, dice, es ahora “Gran Bretaña global”, una nación que equilibra la dependencia comercial de la UE con un mayor énfasis en los vínculos con Estados Unidos y otros aliados, como Australia, con el que firmó un acuerdo comercial reciente. De hecho, muchos percibieron al veloz y eficaz programa británico de vacunación contra el COVID-19 como una prueba de que una Gran Bretaña independiente podría ser más flexible e innovadora que antes.

Con respecto a los lazos con Estados Unidos, la “relación especial” entre Londres y Washington es, sin duda, motivo de confianza en el futuro. Por otro lado, la victoria de los talibanes en Afganistán tras la retirada de las tropas de Estados Unidos nos recuerda que esta relacion depende de quién ocupe la Casa Blanca. El presidente Joe Biden se retiró de Afganistán sin consultar a Downing Street ni a sus otros aliados. El primer ministro Johnson ya sabía que no debía esperar favores adicionales de Biden, un orgulloso irlandés-estadounidense y crítico abierto del ‘brexit’. Para que el ‘brexit’ tenga éxito, Gran Bretaña deberá reforzar su relación con la administración Biden.

Pero la mayor prueba para el ‘brexit’ será su impacto en la economía. Durante décadas, Europa ha demostrado ser el mercado de exportación y la fuente de inversión extranjera más importante para Gran Bretaña, lo que hasta ahora ha permitido que Londres sea una de las principales capitales financieras del mundo. El mercado único europeo ha significado la libertad de circulación de bienes y servicios, además de permitir que los ciudadanos de la UE trabajen en el Reino Unido. A pesar de las nuevas restricciones, parece que esa situación continuará.

La máxima prioridad para el Gobierno deben ser las medidas para proteger el estatus de Londres como centro financiero mundial. ‘The City’ ya había perdido terreno frente a sus competidores estadounidenses y asiáticos, por lo que las consecuencias del ‘brexit’ solo se suman a los temores de un nuevo declive si Londres no se adapta a la nueva realidad. A pesar de estas preocupaciones, existen sólidas razones para respaldar a Londres y ganarse a sus rivales en Europa.

En cuanto a las consecuencias constitucionales del ‘brexit’, “The New York Times” declaró recientemente que la medida corría el riesgo de despertar a los “demonios” del conflicto de décadas en Irlanda del Norte, al tiempo que brindaba un impulso decisivo a favor de la apuesta por la independencia de los nacionalistas escoceses. Ambas predicciones se sienten prematuras. En Irlanda del Norte, la decisión de permitir que la provincia permanezca bajo la ley aduanera de la UE para garantizar el libre comercio a través de la frontera irlandesa provocó disturbios entre quienes quieren que Irlanda del Norte permanezca en el Reino Unido. Sin embargo, hay pocas ganas de volver a la era de ‘The Troubles’.

En Escocia, el primer ministro Johnson se ha mantenido firme contra los llamamientos nacionalistas para otro referéndum sobre la independencia después de que más del 60% de los escoceses votaran a favor de permanecer en la UE. Parece que el estancamiento continuará, y muchos escoceses prefieren pragmáticamente quedarse en el Reino Unido en lugar de abandonarlo.

El ‘brexit’, entonces, es nada menos que una apuesta de alto riesgo por reposicionar el lugar de Gran Bretaña en el mundo, su estatus como centro financiero global, así como proteger una unión que tiene 300 años. Para aquellos que tenemos interés en el asunto, debemos creer, o al menos esperar, que esta apuesta por el futuro independiente del Reino Unido dará sus frutos.