(Ilustración: Giovanni Tazza)
(Ilustración: Giovanni Tazza)
Flavio Ausejo

Especialista en Políticas Públicas. Profesor en la escuela de Gobierno de la PUCP

La renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynski y el recambio en el Gabinete Ministerial puede tener el efecto de hacer más lento el proceso de reactivación de la inversión pública. Esta última viene creciendo de forma consecutiva desde junio del 2017. Luego del ajuste fiscal del año pasado, logró alcanzar una tasa de 53,9% en febrero en términos reales con respecto al año anterior.  

Sin embargo, la posible desaceleración no podrá atribuirse en su totalidad a la actual crisis. En efecto, ya antes de esta turbulencia política existían elementos que indicaban que la posibilidad de acelerar el proceso de inversión con recursos públicos era reducida. Veamos. 

El primer elemento está referido a los indicios de corrupción en el sector construcción, asociados al Caso Lava Jato. Este escándalo involucra a varias e importantes empresas constructoras, tanto nacionales como extranjeras. Más allá de veredictos legales, los indicios han limitado la capacidad del sector privado para asumir la construcción de obras con recursos públicos. 

El segundo elemento está referido a la escasez de grandes proyectos de infraestructura. En la práctica, el crecimiento para el presente año está impulsado principalmente por las obras públicas de los Juegos Panamericanos del 2019, que representan un total de US$900 millones. También, por las obras del proceso de la reconstrucción tras el fenómeno de El Niño costero, que este año se espera se traduzcan en transferencias por más de S/7.000 millones. El problema aquí es que la reconstrucción está en manos principalmente de los gobiernos regionales y locales, que tienen una limitada capacidad de ejecución y necesariamente deben elaborar los proyectos de inversión para poder ejecutarlos. Es cierto que hay otros proyectos –como la línea 2 del metro de Lima o el aeropuerto de Chinchero– pero estos requieren todavía varias decisiones antes de iniciar la construcción.  

El tercer elemento que ya indicaba que la posibilidad de acelerar el proceso de inversión con recursos públicos era reducida, parte de una solicitud, a inicios de año, del Ministerio de Economía y Finanzas. Este buscó que las diversas carteras sinceren las proyecciones de inversión que fueron consignadas en el presupuesto aprobado. A raíz de eso, ya varios ministerios han reducido la programación de inversiones a fin de considerar aquellos proyectos que en efecto esperan ejecutar este año.  

Ahora bien, es sobre todo lo anterior que debemos considerar el impacto que tendrá en la inversión pública el cambio en el Ejecutivo. Este, después de todo, no solo se referirá a la cabeza del Ejecutivo, sino que traerá consigo la presencia de nuevos responsables en los ministerios. Esto no es poca cosa, pues estamos hablando del cambio de quienes guían la ejecución de grandes obras. Preocupa en particular el destino de las carteras con mayor presupuesto –Transportes y Comunicaciones, con un presupuesto de más de S/13.600 millones, y Vivienda, Construcción y Saneamiento, con un presupuesto de más de S/5.700 millones–. 

Tenemos, entonces, que con el recambio inevitablemente deberá ocurrir un natural proceso de aprendizaje de los nuevos responsables de la ejecución. El esperado cambio de ministros va a llevar a una modificación en los cuadros directivos de los responsables de la ejecución y serán necesarias algunas semanas para tomar conocimiento de los procesos.  

Segundo, tenemos que en muchos proyectos en cartera –en particular en proyectos de infraestructura de montos grandes, como la mencionada línea 2 del metro– es necesario tomar una serie de decisiones que deben plasmarse en modificaciones contractuales. Estas requieren tiempo para ser analizadas y discutidas, y luego sobre esto tomar una decisión. La capacidad del nuevo gobierno de construir acuerdos políticos que le den gobernabilidad al país será un factor esencial para que exista un clima de confianza que permita a los nuevos responsables tomar decisiones.  

En suma, si ya antes era real la posibilidad de una desaceleración en la inversión pública, ahora lo es aun más. 

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