(Ilustración: Víctor Aguilar)
(Ilustración: Víctor Aguilar)
Óscar Vidarte A.

Internacionalista y profesor de la PUCP

¿Quién hubiera pensado, hace un año, ver al régimen norcoreano acercándose a Corea del Sur, desmantelando un centro de pruebas nucleares y promoviendo una cita al más alto nivel con EE.UU.?

Desde EE.UU., este cambio de rumbo del país asiático ha sido interpretado como una muestra de debilidad –un país fuerte no debe ceder ante lo que considera una amenaza– y una señal de que las sanciones están funcionando. No existe forma de que , un país con grandes carencias, mantenga un alto porcentaje de su PBI dedicado al desarrollo militar y nuclear.

Sin embargo, las sanciones existen hace más de una década, ¿por qué deberían tener efecto recién este año? Incluso el 2016 fue para Corea del Norte un buen año en términos económicos, el mejor en dos décadas. Y si bien China ha mostrado cuestionamientos al programa nuclear norcoreano y ha apoyado algunas de las últimas sanciones de la ONU, Corea del Norte es su aliado y nunca permitiría la implosión del régimen, considerando las consecuencias políticas y sociales que esto puede generar.

Entonces, ¿cómo se puede entender este cambio en la política exterior del llamado “reino ermitaño”? En primer lugar, es importante señalar que para Corea del Norte mantener una política agresiva contra Occidente tiene un límite. Racionalmente, Kim Jong-un no va a iniciar un conflicto con características nucleares. Las consecuencias serían terribles para todos los países implicados. Por ello, en algún momento la posibilidad de negociar, como ya sucedió en el pasado, debía surgir. El problema para Corea del Norte está en las condiciones en las que debía darse dicha negociación.

Considerando que para Pyongyang lo que se encuentra en juego es su seguridad –por no decir su sobrevivencia–, solo se puede negociar en igualdad de condiciones, de lo contrario podría asumir muchos riesgos. Justamente, en el transcurso del último año, Corea del Norte habría logrado obtener la capacidad necesaria, gracias a su desarrollo nuclear y de misiles balísticos, para atacar territorio continental estadounidense. En otras palabras, la sorpresiva voluntad norcoreana por cooperar es entendible a partir de la posibilidad que ahora tiene para negociar en igualdad de condiciones, escenario que le permitiría lograr mejores resultados.

Kenneth Waltz, uno de los principales especialistas en relaciones internacionales, decía que si Irán llegaba a tener armamento nuclear, no necesariamente debía significar algo negativo. Una situación así cambiaría por completo la dinámica de seguridad en Medio Oriente, evitando que Israel, la gran potencia de la región (por su alianza con EE.UU. y su no declarado desarrollo nuclear), siga haciendo lo que quiere. El equilibrio nuclear no solo aleja la posibilidad de enfrentamiento bélico, sino también puede generar cierto diálogo, tal y como sucedió entre EE.UU. y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Así, en la actualidad, el fortalecimiento de la capacidad nuclear de Corea del Norte permite cierto equilibrio que cambia las condiciones del conflicto existente, posibilitando el encuentro Kim-Trump. La amenaza militar de EE.UU. pierde fuerza; una cosa es que Corea del Norte pueda destruir Seúl o Tokio, y otra muy distinta que pueda atacar ciudades estadounidenses. Y, en cuanto a los resultados, el encuentro entre los líderes de ambos países ha sido bastante favorable para los intereses norcoreanos; reconocimiento y fin del aislamiento son aspectos fundamentales para el régimen comunista.

Esto no significa que la solución al problema sea inminente. Ni hace un año el mundo estuvo cerca de la hecatombe nuclear, ni hoy estamos cerca de una paz duradera. Cualquier solución pasa no solo por la desnuclearización de la península coreana y el retiro de las tropas estadounidenses, sino también por la satisfacción de los intereses de China y EE.UU., por la seguridad de Corea del Sur y Japón, y por los acuerdos a los que puedan llegar las dos Coreas; en otras palabras, por un cambio sustancial en el sistema de seguridad del Lejano Oriente.