"Se evidencia la extinción del centro político y, por cierto, la jubilación de las fuerzas de la concertación" (Foto: Claudio Reyes and MARTIN BERNETTI / AFP)
"Se evidencia la extinción del centro político y, por cierto, la jubilación de las fuerzas de la concertación" (Foto: Claudio Reyes and MARTIN BERNETTI / AFP)
Carlos Escaffi Rubio

Analista internacional y profesor en la PUCP

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En , la segunda vuelta está a la vuelta de la esquina. El domingo 19 de diciembre, chilenas y chilenos escogerán al próximo presidente de la República para el período 2022-2026. La primera vuelta del pasado 21 de noviembre dejó una polarización manifiesta: una derecha en razón de los postulados del candidato (55), líder del Partido Republicano, que logró el 27,9% de los votos, y otra de izquierda, respecto de lo que representa (35), líder del partido Convergencia Social, miembro del Frente Amplio y otrora representante del movimiento estudiantil, que logró el 25,8% del total escrutado.

Objeto de análisis, entonces, resulta hacer notar el crecimiento orgánico que ha presentado José Antonio Kast en las últimas semanas. Y es que, si bien se encontraba en el cuarto lugar entre siete candidatos, hoy se impone como la primera alternativa respecto de Gabriel Boric. Por otro lado, se evidencia la extinción del centro político y, por cierto, la jubilación de las fuerzas de la concertación, cuyo rol fue gravitante en la historia republicana de Chile hace 30 años.

La explicación de la polarización en cuestión obedece a transformaciones profundas de alta transversalidad social que son manifiestas a través de requerimientos enfocados en cinco dimensiones simples, pero de alto impacto social. La primera, el hastío social generalizado por la clase política convencional y lo que ha significado la incorporación de variantes clientelistas en razón de lo que quiere la platea y no necesariamente de soluciones concretas, pero, sobre todo, frontales, con foco en el largo plazo; es decir, políticas de Estado. Segunda, un alto inminente contra cualquier actividad delictiva, desde la que atenta contra un bien público hasta aquellas que vulneran la paz social y la tranquilidad ciudadana. Tercera, en simple, reactivación de la economía y, en consecuencia, generación de recursos, que van más allá de utopías irresponsables, como revisar la sólida base de acuerdos comerciales de Chile y su política de inserción internacional. Cuarta, una definición respecto del qué hacer con la crisis migratoria. Y quinta, la definición del sistema de pensiones.

Así las cosas, ganará la elección el candidato que sintonice mejor la calle. La ideología no será gravitante. Cuestiones básicas como las expuestas serán sustantivas, como trabajo y vejez digna, salud, educación, seguridad y definición de política migratoria. La señora Juanita votará por quien haga cumplir la ley, así de simple. Hoy, el elector votará por cuestiones básicas, tangibles, pero necesarias. Los discursos populistas y demagogos no tienen espacio. En corto, ganará esta elección quien ponga a los chilenos al centro.