"La “crisis migratoria” que hoy en día afecta de manera muy negativa a la opinión pública nacional y que ha provocado repuestas políticas populistas, se basa en dos falsas conclusiones".
"La “crisis migratoria” que hoy en día afecta de manera muy negativa a la opinión pública nacional y que ha provocado repuestas políticas populistas, se basa en dos falsas conclusiones".
Feline Freier

Politóloga, Universidad del Pacífico

Hoy, por el Día Internacional del Migrante, quisiera reflexionar sobre la “crisis” migratoria que estamos viviendo en el Perú –o sobre la “crisis” migratoria que estamos construyendo–. Cuando pienso en las palabras ‘crisis’ y ‘Venezuela’, pienso en una severa crisis humanitaria, en la que casi el 90% de la población vive en situación de pobreza, con hambre y sin acceso a servicios funcionales de salud y educación. En tres años, la esperanza de vida en bajó 3,5 años. Esta situación afecta principalmente a los niños. Según estimaciones de Cáritas de fines del 2017, seis niños morían de hambre cada semana solo en Caracas. A esto se suman los muertos por la violencia generalizada y las víctimas de la represión política y de la tortura. Esta crisis ha llevado a alrededor de 4,8 millones de venezolanos a abandonar su país desde el 2015.

Cuando empezamos a recibir este desplazamiento forzado, los medios peruanos también relacionaban las palabras ‘crisis’ y ‘Venezuela’ al drama humanitario del país caribeño. Sin embargo, en los últimos meses hemos construido la idea de una “crisis migratoria” nacional, que ha dejado atrás los hechos y se ha basado en la ficción. Permítanme explicar: sin ninguna duda, la llegada de cerca de 1 millón de migrantes en casi dos años significaría un enorme reto para cualquier país de acogida y conllevaría situaciones de crisis, por ejemplo, en los puntos de entrada al país y en barrios en los que la se concentra –situaciones que requieren atención e intervenciones políticas–.

Sin embargo, la “crisis migratoria” que hoy en día afecta de manera muy negativa a la opinión pública nacional y que ha provocado repuestas políticas populistas, se basa en dos falsas conclusiones. Primero, existe la idea errónea de que los migrantes venezolanos aumentan el desempleo y generan gastos excesivos al Estado por los servicios que utilizan. Recientes publicaciones del BBVA y del Banco Mundial contradicen estas percepciones y coinciden en que el impacto macroeconómico de la inmigración venezolana es netamente positivo.

La mayoría de migrantes venezolanos son jóvenes con un buen nivel de educación y aportan al crecimiento económico del Perú. Según el BBVA, en el 2018, gracias a la inmigración venezolana, el crecimiento del PBI potencial fue de 4,4% en vez de 3,4% y para el 2019 será de 3,7% en vez de 3,2%. Asimismo, la inmigración ha tenido un impacto fiscal positivo (principalmente por el pago del IGV) y, por lo tanto, es un aporte económico en lugar de un gasto para el Estado. El Gobierno debe reabrir vías para el ingreso y la residencia regular de los venezolanos, para que puedan ser empleados de manera formal y de acuerdo a su nivel educativo y alcanzar su “potencial económico” .

La segunda idea errónea es que los migrantes venezolanos han contribuido a incrementar la inseguridad ciudadana. Está percepción se basa en la criminalización de los inmigrantes venezolanos en los medios peruanos. Un reciente informe del Ministerio de Justicia encontró que los medios de comunicación sobreinforman y enfatizan la nacionalidad de los delincuentes o sospechosos venezolanos, incluso cuando esta es irrelevante para los hechos.

Según la PNP, los datos estadísticos de crimen y violencia no evidencian que el influjo venezolano se haya traducido en un aumento en los niveles de crimen y violencia. Si bien el número de presos de nacionalidad venezolana se incrementó en 350 personas entre mayo del 2016 y mayo del 2019, este número representa solo el 1,5% del total del aumento de la población penitenciaria. Además, los reos venezolanos representaban apenas el 0,04% de los ciudadanos venezolanos registrados en el Perú –en comparación con el 0,31% de la población peruana que se encontraba recluida en este momento–. Sin embargo, según una encuesta de Ipsos de abril, el 54% de las personas en Lima percibió una relación entre la inmigración venezolana y un supuesto aumento en el crimen. Es vital, entonces, contextualizar los crímenes cometidos por un pequeño número de venezolanos y presentarlos en sus reales proporciones, en vez de aumentar los miedos xenófobos de la población para fines lucrativos o políticos.

Mientras tanto, la verdadera crisis sigue en Venezuela.