Combate naval de Angamos, óleo de Thomas Somerscales.
Combate naval de Angamos, óleo de Thomas Somerscales.
Juan Grau

Tataranieto de Miguel Grau Seminario

Las guerras han sido los mecanismos a través los cuales los países solían solucionar sus diferencias. En ellas, afloraba lo más bajo del comportamiento humano, dando rienda suelta al instinto de supervivencia. Así, la guerra con Chile no fue una excepción. Sin embargo, hubo algunos pasajes del conflicto bélico que pusieron en evidencia que, a pesar de lo nefasto y traumático que puede ser el enfrentamiento entre dos naciones, se pueden registrar también algunas muestras de caballerosidad entre las partes. En esta ocasión, dichas muestras no atañen a Miguel Grau Seminario, más bien a su concuñado, Óscar Viel y Toro, un marino chileno que posteriormente fuera Comandante General de su Armada.

Viel y Grau fueron muy amigos. Sus esposas, Manuela y Dolores Cabero, eran hermanas; por ende, los Viel Cabero y los Grau Cabero eran primos hermanos. De acuerdo a algunos relatos familiares y fuentes secundarias, la relación entre ambas familias era muy estrecha. Miguel Gregorio, el segundo hijo del almirante, por ejemplo, solía pasar los veranos en Valparaíso con sus primos chilenos. Lamentablemente, el hijo de Grau perdió la vida en un accidente ocurrido durante una de sus visitas a Chile junto a su padre.

Entre ambos, además, existió un asiduo intercambio epistolar en el que Grau llegó a expresar su enorme preocupación ante la posibilidad de enfrentar a su amigo y compadre, pues Viel era padrino de Ricardo Grau Cabero. Por ejemplo, en una carta, Miguel Grau le escribe a Manuela Cabero de Viel: “Al cielo le pido que me separe siempre, siempre de la ‘Chacabuco’, porque para mí sería la más grande desgracia combatir con Viel, a quien tanto quiero. Cuando le escribas salúdalo con todo mi afecto”.

Después del fallecimiento de Grau en circunstancias ya conocidas, Viel hizo los trámites correspondientes para dar sepultura de los restos de su concuñado. Dicho permiso fue concedido a Viel y enterró los restos de Grau en el mausoleo de su familia en Santiago. Años después, estos restos fueron repatriados al Perú. Posteriormente, la viuda de Grau, Dolores Cabero, y sus hijos, pasaron una temporada con su cuñado Óscar y su hermana Manuela; un hecho que fue cuestionado por la clase política peruana de la época.

Mucho se ha hablado de las proezas navales de Miguel Grau y de sus capacidades como marino. Adicionalmente, Grau puso en evidencia los valores poco practicados el día de hoy al honrar al vencido a través de la sentida carta dirigida a la viuda de Prat y la entrega de las pertenencias del comandante de la Esmeralda, que, como escribe Grau, “fue víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria”. Pero poco se habla de Óscar Viel, quien sin duda es un personaje de suma importancia para Miguel Grau y su familia. Viel fue el pariente que estrechó la mano a los deudos de Grau poniendo de lado las diferencias entre el Perú y Chile para hacer lo posible a fin de que la familia de Grau supere el dolor de haber perdido a un ser querido.

Muchas veces, la historia coloca a los personajes en pedestales y resalta los atributos y las fortalezas que estos puedan tener; pero en pocas ocasiones hacen mención a la parte humana. Las muestras de afecto de Viel hacia la familia Grau fueron evidentes durante la guerra y después de ella. Independientemente del parentesco entre sus esposas, la amistad entre Grau y Viel es una clara muestra de que las relaciones humanas pueden transcender a las coyunturas puntuales adversas. Es ahí donde Óscar Viel y Toro se vuelve relevante en la vida de Miguel Grau y, con ello también, en la historia del Perú.