(Foto: Ernesto Benavides / AFP)
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Enrique Ortiz Tejada

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Los jóvenes de hoy, o la llamada generación del bicentenario, salieron a las calles masivamente en protesta por la situación política que se vivió, al punto que se considera que esta es la que terminó con un gobierno ilegítimo.

Indudablemente, es importante resaltar que la presencia de la juventud fue numerosa, crucial y emocionante. Pero en las calles, en el vecindario, balcón o redes sociales, participaron muchos. Aunque quizá, por temor a contagios, los no tan jóvenes decidieron hacerlo con ollas en mano. Parecería que la generación del bicentenario, más los jóvenes de espíritu, fueron los que forzaron el cambio. Quizá valga distinguirlos como la generación joven del bicentenario.

La participación de los jóvenes en las luchas sociales ha sido la constante desde que existen sociedades. Es claro que no es una exclusividad de los jóvenes entre los 20 y 30 años de hoy. Somos muchos los que hemos participado en marchas con muertos y heridos. Entonces, ¿que es lo que distingue a la generación joven del bicentenario del resto?

Quisiera permitirme una sugerencia. Hemos tenido crisis políticas durante toda nuestra existencia como país, pero la crisis actual no solo es política sino también ambiental. Y esta última es una sin precedentes que vive todo el mundo junto con el Perú. El país degradado y acosado por el cambio climático que los jóvenes peruanos están recibiendo, es una condición que esta generación joven del bicentenario debe enfrentar. Quizá en ese campo puedan hacer la diferencia como una generación revolucionaria.

La generación joven del bicentenario puede ser la que cambie el curso, no solo oponiéndose a los atropellos ambientales, sino también trabajando por el ambiente saludable que se merece. A reclamar por más áreas verdes, agua y aire limpios, mares y ríos no contaminados de relaves, derrames, desagües y plásticos. A demandar parar la deforestación, la sobrepesca y, el mejor cuidado de nuestra biodiversidad y áreas protegidas. A exigir que nuestros alimentos no estén cargados de agroquímicos, pesticidas, hormonas y otros aditivos. A salir a las calles y copar las redes para protestar por propuestas aberrantes que los gobiernos pretendan pasar.

Pero también es importante que hagan el cambio en lo cotidiano. Siendo responsables sobre el impacto del consumo innecesario, escogiendo bien entre una marca de otra cuando compre algo, y también teniendo cuidado sobre sus desperdicios, es una forma. Más importante aún es que, con su voto en abril, muestre que sabe forjar su futuro.

Los jóvenes deben mostrar al resto de la sociedad que un ambiente sano trae paz y prosperidad. Ya que primaveras democráticas hemos tenido varias, ojalá que la historia los recuerde por ello, por su conciencia y acción ambiental, y no como la generación de la pandemia. Es una gran e importante oportunidad.

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