“En menos de un año, entre 1988 y 1989, los actores centrales de la guerra contrasubversiva, el Estado Peruano y Sendero Luminoso, tomaron decisiones que, quizá sin saberlo, terminarían condicionando su futuro”. (Foto: Archivo Epensa).
“En menos de un año, entre 1988 y 1989, los actores centrales de la guerra contrasubversiva, el Estado Peruano y Sendero Luminoso, tomaron decisiones que, quizá sin saberlo, terminarían condicionando su futuro”. (Foto: Archivo Epensa).
Orazio Potestà

Candidato a doctor en Ciencia Política y Gobierno

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En honor a la verdad, murió entre 1988 y 1989. Los hechos ocurridos en ese lapso, movidos por la indescifrable y ciega fortuna, podrían configurar el que sería el momento más importante de la historia peruana reciente, sin que muchos lo sepan.

Entre 1988 y 1989, durante el Primer Congreso del PCP-, Guzmán fue nombrado líder supremo y absoluto, infalible y por lo tanto inapelable, “cuarta espada del marxismo” y único intérprete de la realidad nacional, bajo un método científico que solo él podía aplicar. Según ellos, nacía el “presidente Gonzalo” porque la conquista del poder estaba muy cerca. Se instalaba la técnica del “acuchillamiento” (o asesinato moral) contra los miembros del Comité Central que se atrevieran a contradecirlo, y se fortalecía la famosa “dirección de a tres” que ‘Feliciano’ tanto cuestionó, porque las decisiones políticas y estratégicas de la guerra pasaron a ser debatidas solamente por Guzmán, y , ambas estrechamente vinculadas con el cabecilla.

Sendero Luminoso perdía debate interno, mirada global y realidad. Ingresaba a un espiralado y ciego ostracismo que le hizo creer a Guzmán que su organización había superado la “defensiva estratégica” para pasar a un fantasioso “equilibrio estratégico” con el Estado Peruano, cambiando por capricho la “guerra de guerrillas” por una “guerra de movimientos” propia de los ejércitos nacionales, pese a no tener fusiles, financiamiento, mandos militares ni combatientes.

Pero en 1988 hubo otro factor, aunque de naturaleza casual. Muere Augusta La Torre, la auténtica conductora política de la guerra, la más lúcida de esa “dirección de a tres”. El grupo terrorista Sendero Luminoso pasó a tener una dirección de pareja, con un Abimael ensimismado como líder, divinizado como conductor político y sobredimensionado como estratega militar.

En ese mismo tiempo, para suerte del país, el Estado Peruano tomaba un camino opuesto. Luego de años de confusiones, errores y reduccionismos, se abría al debate interno y externo, por momentos, y se formalizaba un cambio en la estrategia y en la táctica, sustentado la ‘praxis’ del soldado en el campo, en los patrullajes y en el combate, y especialmente en la nueva relación que las Fuerzas Armadas empezaban a tejer con la gente.

Esta nueva estrategia se plasmó en la formación del GEIN, y en la elaboración del desconocido (pero fundamental) Manual del Ejército de Guerra No Convencional Contrasubversiva ME 41-7, editado en 1989 por el Ministerio de Defensa y citado por la CVR en diversos pasajes de su “Informe Final”. Es un libro discreto y aparentemente inocuo, con cobertura de cartón verde camuflado, incluso con errores de impresión, pero construido en formato pequeño para que los soldados pudieran llevarlo siempre en el bolsillo.

Entre otras cosas, el Manual ME 41-7 les exigía a las patrullas militares que ingresaban a las comunidades que respeten las tradiciones comunales, que traten cortésmente a la población, que no roben, que paguen todo lo que consumían o utilizaban, que escuchen los reclamos de la gente y que no incurriesen en el abuso de autoridad. Se invertía la fórmula 80M-20I y se asumía una de tipo 20M-80I (20% de acciones militares y 80% de acciones de inteligencia). Es cierto que, con este cambio, las violaciones a los derechos humanos por parte de las FF.AA. no se extinguieron, pero se redujeron significativamente en el campo.

En menos de un año, entre 1988 y 1989, los actores centrales de la guerra contrasubversiva, el Estado Peruano y Sendero Luminoso, tomaron decisiones que, quizá sin saberlo, terminarían condicionando su futuro. Esto debe resaltarse, porque a inicios de los 80 ambos estamentos utilizaban estrategias y tácticas muy similares, ejecutando acciones armadas y operativos militares con gran cantidad de muertes, caos y destrucción, logrando un nivel de terror funcional al fracaso.

Hubo mentes sensatas en las Fuerzas Armadas que fueron capaces de cambiar el enfoque de la lucha contraterrorista y, por consiguiente, el rumbo del conflicto. Ninguna guerra se gana haciendo todo mal, y es justo reconocer que el Estado Peruano y los militares hicieron más cosas buenas que malas, al igual que el GEIN. Fue así que Abimael Guzmán murió primero entre 1988 y 1989, y , en este complicado 2021.