El mar tropical de Grau, por Enrique Ortiz Tejada
El mar tropical de Grau, por Enrique Ortiz Tejada
Enrique Ortiz Tejada

El 2016 ha sido declarado como el Año de la Consolidación del Mar de Grau. Tal declaración enfatiza en la necesidad de afianzar nuestra frontera marítima, y también de continuar las políticas “para que, de manera responsable, se pueda extraer la riqueza del mar peruano” [sic]. Es importante que nuestros candidatos entiendan que nuestro mar –ahora más grande– merece ser protegido en sus fronteras... y también en sus recursos. Especialmente en el norte del Perú.

Con algo más de 3 mil kilómetros de línea costera, alimentamos al mundo con más proteína animal que ninguna otra nación. En materia de pesca, somos el número uno en biomasa –principalmente anchoveta, y también calamar gigante y perico–. Sin nuestros recursos marinos, el mundo sería muy diferente (y estaría, sobre todo, peor alimentado). 

Los fenómenos climáticos afectan fuertemente a nuestras pesquerías. Todos queremos un sector pesquero industrial fuerte y productivo, respaldado por sólidas investigaciones que sustenten su manejo. Para ello, es fundamental reforzar la capacidad y mantener la independencia del Instituto del Mar del Perú (Imarpe) en su rol de recomendar cuotas de pesca confiables. 

Pero cuando hablamos de pesquería, recordemos que la mayor parte del pescado que comemos no proviene de la llamada pesca de altura, sino de las capturas logradas dentro de las 5 millas más cercanas a la costa y, de manera significativa, del mar tropical del norte del Perú. Las costas de Piura y Tumbes son la principal fuente para el consumo en nuestras mesas y donde se encuentra más del 70% de las especies marinas del país.

La pesca ilegal en esas aguas es un serio problema. Los recursos que el pescador artesanal debería estar aprovechando vienen siendo diezmados por flotillas pesqueras ilegales y por embarcaciones semiindustriales que operan allí donde solo debería existir la pesquería artesanal. Peor aun, se han visto embarcaciones ilegales ecuatorianas en nuestras aguas. La Marina ha tomado cartas en el asunto para velar por nuestra soberanía, pero esta debe complementarse con el cuidado de nuestros recursos marinos.

Son alarmantes las señales de sobrepesca. Como reporta el biólogo marino Yuri Hooker, hoy el pescado encontrado en los mercados es más pequeño y más caro, con una predominancia creciente de especies cultivadas e importadas. Nadie quiere que nuestro cebiche termine siendo de salmón o de tilapia. 

El manejo pesquero, además de ordenar las cuotas y calendarios de pesca, debe también incluir la protección de áreas “semilleras”. Estas son zonas específicas del litoral que, por sus características físicas y biológicas, albergan una enorme diversidad de especies, además de proveer refugio y áreas de reproducción a especies de consumo humano, que luego se distribuyen a lo largo de la costa. 

Estas áreas vitales han sido identificadas y cuidadosamente estudiadas por la comunidad científica y el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp): el banco de Máncora, los arrecifes de Punta Sal, Cabo Blanco-El Ñuro e Isla Foca. Las poblaciones y autoridades locales, gremios de pescadores artesanales y el creciente gremio turístico apoyan decididamente la propuesta de una zona reservada que permita el manejo sostenible del Pacífico tropical de Grau. 

Perú-Petro y las empresas que operan concesiones petroleras en el mar del norte saben que la ley asegura y respeta todos los derechos preexistentes para sus operaciones. Ellas deben ser también socias en este desafío.