El nuevo gobierno británico tras el ‘brexit’, por Óscar Vidarte
El nuevo gobierno británico tras el ‘brexit’, por Óscar Vidarte
Óscar Vidarte A.

Internacionalista y profesor de la PUCP

Theresa May, la recientemente elegida primera ministra británica, no fue partidaria del ‘brexit’, por el contrario, apoyó a David Cameron en favor del ‘bremain’. Sin embargo, su evidente cercanía al discurso euroescéptico llevó a que su papel en la campaña fuese secundario, aunque manteniendo la lealtad hacia su líder. Esta posición –poco clara y que en cualquier otra circunstancia podría haber sido criticada–, en el contexto actual, constituye un activo de gran importancia que le brinda la capacidad de dialogar con ambos sectores. 

Así, frente al pedido de la Unión Europea por activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa y proceder a culminar con un calvario que puede servir de mal ejemplo en otros países (en Holanda ya se habla del ‘nexit’ y en Francia del ‘frexit’), May es consciente que primero debe consolidar el frente interno, que aún se encuentra dividido.  

Para lograrlo, en primer lugar, es necesario fortalecer el Partido Conservador que le va a tocar dirigir en los próximos años (por lo menos hasta las elecciones del 2020). Para ello, May ha incorporado en su gabinete a políticos conservadores que estuvieron a favor y tuvieron un papel clave en el triunfo del ‘brexit’. Boris Johnson, nuevo secretario de Estado para Relaciones Exteriores británico, y David Davis, secretario de Estado para el Retiro de la Unión Europea. Pero así como estos nombramientos son reflejo de un partido que intenta acercar a todas las tendencias existentes, también genera una gran responsabilidad en políticos euroescépticos que han demostrado desconocer cómo iba a ser el día después de la victoria del ‘brexit’ y tratándose de Johnson, la necesidad de asumir un rol que lo aleje de esa excentricidad y desfachatez que lo han caracterizado.

Esta búsqueda de unidad no debe quedar solo en Londres. Debe ser una política que refleje el interés de todo el Reino Unido, más aun cuando Escocia e Irlanda del Norte votaron mayoritariamente por quedarse en la Unión Europea. Considerando los intentos secesionistas del gobierno escocés y su nuevo pedido –dada la coyuntura actual– por convocar a un nuevo referéndum independentista del Reino Unido, May, en una de sus primeras medidas, ha tratado de tender puentes con los escoceses con el objetivo de poder incorporar sus demandas dentro de las negociaciones con la Unión Europea.

En este momento de construcción de acuerdos que incorporen los intereses de todas las partes (sin olvidar al hoy fracturado Partido Laborista y a la extrema derecha del UKIP), resulta muy difícil prever cuál va a ser la estrategia de negociación por parte del Reino Unido. Las relaciones que tienen Noruega y Suiza con la Unión Europea surgen como opciones. Pero, más allá de lo que puedan querer, el resultado dependerá de lo que la Unión Europea le permita. 

Para muchos gobiernos, como el francés o el italiano, debe tenderse a una negociación complicada para los intereses británicos con el fin de impedir que se generen incentivos en los diferentes países europeos para plantear una salida similar. En otras palabras, si bien el Reino Unido puede querer mantener la zona de libre comercio y sus prerrogativas como centro financiero de Europa, así como negar la libre circulación de ciudadanos comunitarios –desvirtuando por completo la lógica del mercado común–, debe tener en cuenta que la negociación va a ser bastante compleja.