“Es improbable que Joe Biden aplique una gestión económica radical. Aunque está rodeado de asesores progresistas, todos son representantes de la ortodoxia política”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
“Es improbable que Joe Biden aplique una gestión económica radical. Aunque está rodeado de asesores progresistas, todos son representantes de la ortodoxia política”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
Nouriel Roubini

Profesor de economía en la Escuela Stern de Administración de Empresas de la Universidad de Nueva York.

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viene con ventaja sobre en las encuestas para las elecciones estadounidenses de noviembre. Pero a pesar de su torpe respuesta contra la pandemia (un fracaso que ha dejado la economía muy por debajo de sus posibilidades), Trump todavía conserva una ventaja marginal cuando se pregunta por las bondades económicas de los candidatos.

El supuesto de que los republicanos gestionan mejor la economía es un viejo mito que hay que refutar. En nuestro libro “Political Cycles and the Macroeconomy”, el difunto y notable economista Alberto Alesina y yo mostramos que los gobiernos demócratas tienden a coincidir con períodos de más crecimiento, menos desempleo y mejor desempeño bursátil que las presidencias republicanas.

De hecho, las recesiones estadounidenses ocurren casi siempre durante gobiernos republicanos. Las recesiones de 1970, 1980-82, 1990, 2001, 2008-09 y ahora la del 2020 ocurrieron con un republicano en la Casa Blanca (con la salvedad de que la doble recesión de 1980-82 comenzó con Jimmy Carter, pero continuó con Ronald Reagan). Asimismo, la Gran Recesión del 2008-09 fue resultado de la crisis financiera del 2007-08.

Esta tendencia no es fruto del azar. La laxitud regulatoria provoca crisis financieras y recesiones; un hecho agravado por la imprudencia fiscal de los republicanos, que gastan lo mismo que los demócratas, pero que rechazan aumentar impuestos para compensar el déficit presupuestario resultante.

Por esa clase de desmanejos durante la presidencia de George W. Bush, el presidente heredó la peor recesión desde la Gran Depresión. A principios del 2009, la tasa de desempleo en los Estados Unidos superaba el 10%, el crecimiento estaba en caída libre, el déficit presupuestario pasaba de US$1,2 billones y las bolsas acumulaban una caída de casi el 60%. Pero al finalizar Obama su segundo mandato, todos estos indicadores mostraban una enorme mejoría.

De hecho, incluso antes de la recesión por el , el empleo y el crecimiento del PBI en los Estados Unidos habían sido mejores con Obama que con Trump.

La racha alcista de las bolsas en agosto coincidió con el afianzamiento de Biden en las encuestas, lo que indica que los mercados no temen su victoria. La razón es simple: es improbable que Biden aplique una gestión económica radical. Aunque está rodeado de asesores progresistas, todos son representantes de la ortodoxia política. Además, la candidata que eligió para la vicepresidencia, la senadora , es notoriamente moderada, y la mayoría de los probables nuevos senadores demócratas son más centristas que el ala izquierda del partido.

Es verdad que un gobierno de Biden tal vez aumente el tipo impositivo marginal para las corporaciones y el 1% de hogares más ricos, que Trump y los congresistas republicanos recortaron. Pero eso apenas afectará las ganancias de las corporaciones. Y cualquier costo económico resultará compensado con creces por el cierre de lagunas que permiten la elusión fiscal y el traslado de ganancias y producción al extranjero, y por el programa propuesto por Biden.

Trump y los republicanos no se molestaron en formular una plataforma política para esta elección, mientras que Biden ha propuesto una serie de políticas fiscales para alentar el crecimiento económico. Si los demócratas obtienen ambas cámaras en el Congreso y la Casa Blanca, el gobierno de Biden implementará un paquete de estímulo fiscal más cuantioso dirigido a las familias, los trabajadores y las pequeñas empresas que lo necesitan, además de políticas generadoras de empleo mediante el gasto en infraestructura e inversiones en la transición a una economía verde. Los demócratas no invertirán en rebajas impositivas para los ultramillonarios, sino en educación y capacitación de los trabajadores, y en políticas proactivas para la industria y la innovación que aseguren la competitividad en el futuro. Y las empresas ya no tendrán que temer los raptos de furia del presidente en Twitter.

Los demócratas también proponen un alza del salario mínimo que mejore el ingreso de los trabajadores y el consumo, además de una mejor regulación que ayude a reducir las emisiones de dióxido de carbono. Impulsarán políticas que devuelvan cierto poder de negociación a los trabajadores y que protejan a los ahorristas de prácticas financieras predatorias. Y tendrán una postura mucho más razonable en materia de comercio internacional, inmigración y política exterior, que incluirá reparar las alianzas y los acuerdos de Estados Unidos, y seguir una política de “competencia cooperativa” con China. Todas estas medidas serán favorables al empleo, el crecimiento y los mercados.

La gestión de la economía de Trump ha sido desastrosa para los trabajadores y para la competitividad económica a largo plazo. Para poder cubrir los puestos de trabajo de alto valor del futuro, Estados Unidos debe capacitar a su fuerza laboral, en vez de adoptar políticas proteccionistas y xenófobas autodestructivas.

La mejor elección para los estadounidenses preocupados por el futuro económico no podría estar más clara. Biden siempre ha estado atento a las inquietudes de los trabajadores menos cualificados, y es el primer candidato presidencial de la historia reciente que no se graduó en una universidad de élite. Para todos los estadounidenses que se preocupan por su futuro y el de sus hijos, la elección correcta es evidente.


Project Syndicate, 2020.

Traducido por Esteban Flamini.

Glosado y editado.