"La muerte del general Qasem Soleimani, líder de la Fuerza Quds, el grupo de élite del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, tras un ataque de dron de Estados Unidos el jueves es el acto de política exterior estadounidense más importante desde la invasión de Iraq en el 2003". (Foto: EFE)
"La muerte del general Qasem Soleimani, líder de la Fuerza Quds, el grupo de élite del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, tras un ataque de dron de Estados Unidos el jueves es el acto de política exterior estadounidense más importante desde la invasión de Iraq en el 2003". (Foto: EFE)
Andrea Moncada

La muerte del general , líder de la Fuerza Quds, el grupo de élite del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, tras un ataque de dron de Estados Unidos el jueves es el acto de política exterior estadounidense más importante desde la invasión de Iraq en el 2003, y tendrá serias implicancias no solo para las relaciones iraní-estadounidenses, sino también para la estabilidad del Medio Oriente. Soleimani no era un simple comandante militar: fue el hombre más poderoso de Irán luego del líder supremo ayatola Alí Khamenei, el responsable en los últimos 20 años de las operaciones militares y de inteligencia de Irán y de incrementar la influencia chiíta iraní en numerosos países del Medio Oriente, como el Líbano, Siria, Iraq y Yemen. Su muerte es un duro golpe a las ambiciones iraníes de establecerse como poder regional, y Khamenei declaró tres días de duelo nacional y anunció que su país tomará acciones vengativas contra EE.UU.

Ante esta declaración, la pregunta inmediata que ha surgido tanto en redes sociales como en los medios de comunicación es cómo pretende Irán responder al ataque estadounidense. Se ha hablado mucho de una posible tercera guerra mundial, en la que se verían involucrados no solo EE.UU. e Irán sino también sus aliados. Esto, sin embargo, es una exageración: el Gobierno de Irán sabe que no tiene el mismo poder militar y económico que EE.UU. para enfrentársele en una guerra convencional. Entonces, el camino más probable por tomar será una guerra asimétrica, en la que Irán realice ataques encubiertos –directamente o a través de terceros– a objetivos estratégicos estadounidenses, una vía de acción ya utilizada frecuentemente por este país: Soleimani, por ejemplo, fue designado como terrorista por EE.UU. e Israel en el 2011, luego de ser sindicado como parte de un complot para asesinar al embajador saudí en Washington. Las agresiones también se podrían dar en el ciberespacio: en el 2015, se reportó que hackers asociados a la Guardia Revolucionaria Islámica infiltraron computadoras del Departamento de Estado para robar información.

Esta estrategia asimétrica, además, tendrá importantes consecuencias para la estabilidad en la región, y, por ende, para el poderío estadounidense. La muerte de Soleimani también impulsará los esfuerzos de Irán de fortalecer su influencia en países clave como Siria, el Líbano e Iraq. El presidente sirio Bashar al Asad es apoyado por el Gobierno Iraní justamente para limitar la intervención estadounidense en esta parte del mundo, y para tener un aliado en la región que le permita hacerle mayor frente a Arabia Saudí, su principal rival. Irán considerará su presencia en Siria aún más importante tras el ataque norteamericano, lo que podría solidificar a Al Asad, un dictador sangriento, en el poder.

En el Líbano, Irán apoya a Hezbolá, un grupo terrorista cuya finalidad es la destrucción de Israel (y con el cual Soleimani tenía un vínculo cercano), desde hace tres décadas, a través de financiamiento y apoyo militar. Varios medios de comunicación han reportado que su líder, Hassan Nasrallah, ha declarado que “para continuar en el camino del general Soleimani, levantaremos su bandera en todos los campos de batalla”. Y en Iraq, es posible que la muerte del comandante incremente las agresiones contra tropas y personal estadounidense de parte de milicias chiítas leales a Irán, dificultando las operaciones norteamericanas en este país.

Finalmente, ya no quedan muchas esperanzas para el desarmamiento nuclear iraní. Si bien Trump se retiró en el 2018 del acuerdo con Irán para eliminar su programa de enriquecimiento nuclear, varios países europeos han tratado de preservar dicho compromiso. Hoy, es difícil imaginar que seguirá en pie.

El presidente Trump ha indicado que la muerte de Soleimani era necesaria ya que estaba planificando un ataque contra EE.UU. en la región, y para asegurar que ya no fallezcan más estadounidenses a manos de Irán. La duda que queda, no obstante, es si también previó las consecuencias que tendría eliminar una figura política esencial de su rival más importante en el Medio Oriente. Es posible que sus actos hayan tenido un efecto contrario a sus intenciones.