“La voluntad de Chabuca Granda [en 'La flor de la canela'] era resaltar ante todos la belleza de una mujer afroperuana mientras camina”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
“La voluntad de Chabuca Granda [en 'La flor de la canela'] era resaltar ante todos la belleza de una mujer afroperuana mientras camina”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
Alonso Cueto

Escritor

El centenario de la vida de , que se cumplió ayer, debería celebrarse como el reconocimiento a una figura histórica que ha moldeado nuestra identidad. Pocos creadores han formado como ella una tradición de palabras y sonidos de lo que buscamos ser. Hasta Chabuca, nadie había cantado con fina determinación a “la gloria” de nuestra historia común. No es casual que para hacerlo pidiera entrar a formar parte de nuestra escena nacional con una frase imperativa. “Déjame que te cuente...”, en su momento, solo tenía sentido en una ciudad y en un país cuyas élites habían ignorado la cultura y la música popular. Si hasta entonces la élite limeña había vivido a espaldas de los personajes de la tradición peruana, esta última iba a exigir un permiso para contar su ensueño y su memoria. Es una operación parecida a la que haría luego con la gastronomía.

PARA SUSCRIPTORES: Chavela Vargas y la entrevista en la que habla de Lucha Reyes y cómo era Fidel Castro antes de la revolución

, su antecesor, habitante de Barrios Altos, había muerto antes de cumplir los 36 años, con una obra vasta y variada, donde abundaban distintos géneros. Esta obra, sin embargo, fue difundida solo después de su muerte, gracias a la posterior masificación de las radios. Los tiempos de Pinglo –la y el militarismo– no eran los del reconocimiento de la cultura popular por parte del poder y las clases altas de Lima. Algún gobierno dictatorial de turno incluso consideró a “El plebeyo” como una canción subversiva por su pretendida “filiación aprista”. Su obra, como la de otros grandes compositores de su tiempo, solo pudo conocerse y valorarse en las siguientes décadas.

Nacida en Apurímac y trasladada a Lima a los tres años, Chabuca Granda pertenece a una familia de la clase alta limeña que, sin embargo, empieza a tener conexiones permanentes con la cultura popular. En , donde crece, escucha a los cantantes y guitarristas de valses que por entonces siguen arrinconados en sus locales. Conmovida por estas canciones, Chabuca decide ser parte de esa música. Antes de los 30 años, y en un proceso que dura varios meses, escribe . La canción está estructurada en segunda persona. Pide contar una historia y, de inmediato, le da al oyente una razón (“déjame que te diga la gloria”). Luego va describiendo el movimiento del personaje inspirado en su amiga Victoria Angulo. La canción es una proclama y un manifiesto. La gloria no está en otros lugares. Está aquí y su protagonista es una mujer afroperuana con jazmines en el pelo y rosas en la cara, en el puente que une el Cercado con el Rímac. Si Pinglo había escrito una canción de protesta contra las divisiones sociales en “El plebeyo”, la voluntad de Chabuca era resaltar ante todos la belleza de una mujer afroperuana mientras camina.

Al margen de todo ello, nos ha dejado una obra compleja y profunda, que va desde la celebración de sus primeras obras a los tonos suaves y sombríos de “Surco”, y las esperanzas duras de “Arar en el mar” y de “Cardo o ceniza” (una obra maestra), entre centenares de otras canciones. Supo, como Pinglo, que el alma de un país pasa siempre por lo que llamamos su cultura. Su obra se sigue escuchando como el espacio entre esas zonas de melancolía y de intensidad que solo puede concretarse en un vals o en un landó. La Lima que describió ha desaparecido en parte, pero sigue sonando en su música, a la espera. Su intención fue hacernos sentir orgullosos de lo que podemos ser. Para lograrlo, cada día compone mejor.

VIDEO RELACIONADO: