"A solo unas semanas de culminar este año escolar –y con la mirada ya puesta en el siguiente año lectivo–, debemos pensar cómo esta crisis viene afectando a la educación peruana". (Ilustración: Raúl Rodríguez)
"A solo unas semanas de culminar este año escolar –y con la mirada ya puesta en el siguiente año lectivo–, debemos pensar cómo esta crisis viene afectando a la educación peruana". (Ilustración: Raúl Rodríguez)
Oswaldo Molina

Director ejecutivo de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes)

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La semana pasada, , director Global de Educación del Banco Mundial, nos recordó en una entrevista que estamos ante la mayor crisis de la educación en los últimos cien años. De acuerdo con el experto, el golpe sobre la educación es doble: a la crisis generada por el cierre de las escuelas, se le suma la crisis financiera, que afectará tanto los presupuestos públicos destinados al sector como los presupuestos familiares. Así, las pérdidas en la educación no solo se reflejarían en el aprendizaje de los niños, sino también en sus ingresos futuros. Los ingresos futuros de una generación que justamente tendrá que lidiar con las mayores deudas que hoy debemos incurrir para costear la actual crisis.

A solo unas semanas de culminar este año escolar –y con la mirada ya puesta en el siguiente año lectivo–, debemos pensar cómo esta crisis viene afectando a la educación peruana. Planteo cinco puntos para tomar en cuenta. En primer lugar, es importante notar que la relevancia de la educación estatal será creciente. Para hacernos una idea, según cifras del censo escolar, previo a la pandemia, el Estado gestionaba el 77% de instituciones educativas de educación básica regular a nivel nacional. En las zonas rurales, se encarga del 99% de estas. Sin embargo, ya hemos visto cómo la crisis económica ha movilizado alrededor de 110 mil estudiantes de la educación privada a la pública. Se espera, por tanto, que en el 2021 la proporción de la educación básica que esté gestionada por el Estado sea aún mayor.

En segundo lugar, la educación a distancia tiende a ampliar las brechas educativas. Con el fin de afectar lo menos posible a los más de 8 millones de estudiantes en el Perú, el Gobierno optó por estrategias alternativas de educación a distancia, mediante la estrategia multiplataforma Aprendo en Casa (un esfuerzo titánico, que debemos aplaudir). Sin embargo, si bien ha diversificado sus canales, antes de la pandemia existían brechas de acceso que acrecientan las desigualdades ya existentes. Partamos desde lo más básico: ¿cómo puedes acceder a esta modalidad educativa si tu hogar no tiene electricidad? En las zonas rurales, al menos 1 de cada 5 hogares no cuenta con este servicio. Pero eso no es todo. Aún si tuviesen acceso al alumbrado eléctrico, muchos hogares carecen de elementos básicos para acceder a la educación a distancia. En las zonas rurales, cerca del 50% de hogares no cuenta con un televisor y el 26% no tiene radio. El panorama es más complicado cuando hablamos de herramientas digitales como las computadoras e Internet. En el Perú, menos de la tercera parte de los hogares tienen acceso a ambas herramientas. Las tablets recientemente adquiridas reducen estas brechas, pero difícilmente podrán cerrarlas.

En tercer lugar, el golpe es particularmente difícil para las comunidades indígenas. Actualmente se estima que, en el Perú, más de medio millón de estudiantes tienen lengua materna originaria. Sin embargo, solo el 43% de niños con lengua materna aimara y el 26% con lengua materna quechua tienen acceso a Internet. Claramente, son una de las poblaciones más perjudicadas en cuanto a acceso a educación.

Un cuarto punto clave es el efecto negativo que la pandemia tiene sobre el desarrollo físico y psicológico de los estudiantes. La poca interacción con el exterior por parte de los niños ha afectado tanto su desarrollo físico como su salud mental. Para entender la magnitud del problema, en agosto del presente año, de acuerdo con el portal Aprendo en Casa, el 41% de las familias reportaron que sus hijos se sentían estresados o ansiosos.

Finalmente, veremos un importante aumento de la deserción escolar y el trabajo infantil. Al respecto, el Perú ha avanzado en los últimos años (de 5,4% en el 2014 a 3,5% en el 2019 en la tasa de deserción interanual de secundaria). Sin embargo, la evidencia muestra que, luego de la crisis sanitaria generada por el ébola, el 25% de estudiantes de Liberia y el 13% de Sierra Leona no volvieron a sus escuelas cuando estas abrieron. Y fueron las niñas las más afectadas. Se espera que, debido a la caída del ingreso familiar en estos meses, a la par del aumento de la deserción escolar, se incremente entre 1 y 3 puntos porcentuales el trabajo infantil en el país (OIT y Cepal, 2020). Así, semejante al retroceso que experimentaremos en la lucha contra la pobreza, veremos también un retroceso de lo avanzado en la reducción de la deserción escolar y el trabajo infantil.

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