Compañeros de vida, por Pedro Suárez-Vértiz
Compañeros de vida, por Pedro Suárez-Vértiz

Se habla mucho de la liberalidad del amor en los nuevos tiempos. Es un tema clásico en toda conversación de adultos desde que tengo uso de razón. Pero, paradójicamente, hay muchísima gente con genes conservadores. Escucho decir: “Las chicas de hoy son terribles”. Bueno, hay chicas terribles desde la época de los fenicios. Ya me aburre la teoría de la decadencia contemporánea. Es solo una ilusión. Siempre ha existido el libertinaje en ambos sexos. Sin embargo, conozco muchas parejas que están juntas desde la pubertad. Sin variedad de experiencias con otras personas. Tienen décadas como enamorados o esposos. No es exactamente mi caso, aunque sí, me casé y fui padre muy chiquillo.

Yo pertenezco a una de esas parejas que se casaron jóvenes. Mi esposa es la segunda enamorada que tuve formalmente en mi vida. Era muy joven, pues me conoció cuando solo tenía 16 años y estaba terminando el colegio. Yo tenía 21 y estaba terminando la universidad. Ya tenía mi¡ banda Arena Hash andando con mucho éxito. Seguimos casados y más unidos que nunca, sobre todo ahora que cargamos con mi nueva condición física. Pero conozco muchas parejas que han empezado más temprano y que siguen juntas hasta hoy.

Hay características muy  marcadas de estas relaciones que se iniciaron precozmente. Como que son una simbiosis. Más que un tema de amor, veo una situación de complemento, como el de los gemelos. La pasión, si bien existe, no es exactamente el lazo principal en estos casos.

Mi cuñada, la gemela de mi esposa, está con su marido desde que ella tenía solo 13 años y él, 14, y siguen juntos hasta hoy. Me dice que una de las tantas ventajas de ellos es que les pueden hablar a sus hijos de lo que significa un amor único en tu vida. Porque son la muestra de ello. Se puede tener muchas parejas y puedes amar y querer a muchos, pero ella insiste en que también se puede amar a una sola persona sin problemas. Incluso, cuando conversamos llegamos a la conclusión de que las relaciones que se inician temprano resultan de conocerse casi telepáticamente. De ahí mi idea de simbiosis. Porque es cierto que uno de joven no piensa en el matrimonio ni en formar una familia. Se vive la vida con las metas de jóvenes y se crece juntos luchando y aprendiendo.

No todo es color de rosa, obviamente, pero creo que conocerse tanto ayuda a prevenir los disparates mutuos para evitar así los errores y daños. Muchas veces le hacen bromas a mi cuñado sobre que no ha vivido, que ella no ha experimentado otros aires. Pero realmente creo que no es un factor para ser más feliz de lo que uno es al ya estar amando y siendo amado.

Total, yo siempre he dicho que uno cuando se separa y termina una relación es para iniciar otra, y al final llega a lo mismo de nuevo. Entonces, en el fondo, si se ama a una persona o a 10, solo se ama de la misma manera y punto. Amar no cambia. Sentir, entregarse y dar no cambian, a menos que sea algo pasajero que al final no te llena el alma. Yo estoy tranquilo y feliz con mi relación larga. Pero estoy seguro de que muchas personas que no vienen de una relación igual también son muy felices cuando construyen –no encuentran– al amor de sus vidas. El tiempo lo que te da es tolerancia y esperanza en que al final todo se va a arreglar.

Muchos admiran o desean el supuesto ‘secreto’ para durar tanto como pareja, creyendo erróneamente que este tipo de relaciones largas son como una luna de miel eterna. No saben que solo consisten en no tropezar con el montículo de defectos que ambos amontonan, sino en mirar por encima de ellos. Si eres un goloso de la pasión, quizás te aburra tanto compañerismo, pero si tu meta es la felicidad, descubrirás que ese compañerismo es la única semilla del amor.

Esta columna fue publicada el 21 de enero del 2017 en la revista Somos.