Consecuencias de las peleas, por Fernando Rospigliosi
Consecuencias de las peleas, por Fernando Rospigliosi
Fernando Rospigliosi

Analista político

Las disputas en prácticamente todos los grupos políticos han aflorado en el último tiempo. La más notoria, la de Peruanos por el Kambio (PPK) por un asunto aparentemente sin mayor trascendencia, pero que ha puesto al descubierto las fisuras en la bancada gobiernista que, posiblemente, se seguirán manifestando en el futuro.

No es que la elección del defensor de Pueblo no tuviera importancia –la tiene–, lo irrelevante era la manera como votaban los 18 congresistas de PPK, dado que cuatro bancadas, incluyendo la fujimorista, habían decidido apoyar a Walter Gutiérrez, quien iba a ser elegido de todas maneras.

El presidente Pedro Pablo Kuczynski hizo públicamente una curiosa recomendación a sus parlamentarios: que apoyen al que tenga más votos comprometidos. Es decir, que se sumen a la mayoría. Para decirlo en términos más claros, que no le den la contra al fujimorismo.

Esto, naturalmente, era solo un gesto de buena voluntad, simbólico, porque ellos no podían cambiar el curso de los acontecimientos.

El punto de discrepancia entonces es: ¿Esos guiños ayudan a mejorar la relación con la mayoría opositora? ¿O no sirven para nada y solo dan malas señales que vuelven más agresivos a los fujimoristas? Esto último parece ser lo que piensa el congresista Guido Lombardi (PPK), el que ha sido más explícito en manifestar su discrepancia con el presidente y el grueso de su bancada.

Este sí es un tema importante en la estrategia política del gobierno sobre el cual, como es obvio ahora, no hay acuerdo. El asunto es que tampoco parece haber una instancia establecida de discusión política, donde se ventilen temas como este y todos estén de alguna manera representados y participen en el debate. 

El partido PPK es una ficción, no existe en la práctica. Lo que hay es un Gabinete –con muchos técnicos competentes pero con muy pocos miembros con experiencia y capacidad política–, una bancada heterogénea y algunos amigos del presidente y el primer ministro a los que se escucha a veces.

En ese contexto, es más fácil que algunos no se sientan comprometidos con la línea que traza la cúpula. En realidad, los congresistas de PPK –y esto suele ocurrir en todos los gobiernos– acatan los dictados del presidente básicamente por dos razones. La primera, porque esperan prebendas: quieren ser ministros o ubicar a su clientela y/o parentela en cargos públicos, u otro tipo de beneficios menos confesables aun. La segunda, porque tienen la expectativa de ser reelegidos en los próximos comicios y para eso es indispensable la bendición del caudillo y dueño del partido.

Evidentemente esta última motivación no existe en las filas de PPK. Al terminar el gobierno, Kuczynski se retirará y nadie sabe ahora quién se quedará con la inscripción y si esta tendrá mucho o poco valor. Así es que los que quieren hacer una carrera política solo pueden confiar en el prestigio y reconocimiento que logren en este período, para luego adherirse a algún grupo con opción.

Tampoco hay, en este caso, el miedo que inspira el caudillo. Por ejemplo, a Alan García presidente, sus compañeros le tenían temor, porque sabía usar el poder y era capaz de hacer daño. Eso no ocurría con Alejandro Toledo y no sucede ahora con Kuczynski, nadie lo cree capaz de lesionar seriamente a alguien.

Algunos de los congresistas de PPK tienen ideas y creen en ellas, y están menos dispuestos que el resto a dejarse llevar por las ventajas de mantener una relación fluida y bien aceitada con su gobierno. Otros privilegian las oportunidades para beneficios inmediatos o futuros y, por lo menos ahora, prefieran acatar las pautas de Palacio.

El peligro para el gobierno y su bancada es que siempre existe en la opinión pública un anhelo de disciplina, de un gobierno fuerte que ponga orden en todos los aspectos de la vida. Y el espectáculo –amplificado por los medios de comunicación, como siempre ocurre– de alboroto y desbarajuste en sus propias filas, va socavando la confianza en el liderazgo y su capacidad de traer seguridad, paz y tranquilidad a un país algo caótico.

En suma, esto le hace daño a un gobierno frágil como el de PPK. Y es difícil de resolver.