" Intentar quedar bien con los amigos no es una opción. Es tiempo de salvar vidas". (Ilustración: Giovanni Tazza)
" Intentar quedar bien con los amigos no es una opción. Es tiempo de salvar vidas". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Patricia del Río

Periodista

El científico y divulgador Jared Diamond, en su último libro “Crisis: cómo reaccionan los países en momentos decisivos” (Penguin Random House, 2019), analiza cuáles son las herramientas que los seres humanos utilizamos para superar crisis personales y cómo estos elementos pueden extrapolarse para analizar la resolución de graves conflictos que han enfrentado a lo largo de la historia los países del mundo. De acuerdo con Diamond, aquellos países que han superado momentos complejos (analiza siete casos, entre los que están Finlandia, Chile y Japón) han respondido favorablemente a una serie de elementos claves que van desde el consenso nacional en que el país se encuentra en una situación dramática, hasta reconocer cuáles son las ventajas y deficiencias para enfrentarlo. Pero, sobre todo, resalta la capacidad de hacer cambios selectivos, a veces incluso impopulares, para encontrar soluciones.

PARA SUSCRIPTORES: La política de la incertidumbre, por María Alejandra Campos

En el Perú hay un consenso nacional sobre que estamos atravesando una crisis y hay también una idea clara de nuestras limitaciones para responder a este reto. Sin embargo, desde el inicio de la lucha contra la pandemia, el presidente Vizcarra pareciera haber negado determinados aspectos de nuestra realidad que hoy le están reventando en la cara al país. El más grave: la falta de capacidad de gestión de los gobiernos regionales y locales. Hoy, Arequipa es el caso más visible, pero ya estaba clarísimo desde antes de que llegara el al Perú que nuestro proceso de descentralización había sido un desastre. Cuando se les encargó a los alcaldes entregar canastas y todo salió mal debieron prenderse las alarmas. Chiclayo y su relajada cuarentena fue una alerta temprana. Iquitos y su desborde sanitario fue una luz roja. Ahora se le suman Arequipa, San Martín, Huánuco y una larga fila de regiones que ven aumentar sus casos con terror. ¿Por qué, entonces, se eligió una estrategia que a todas luces iba a fallar? ¿Por qué el presidente y el ex primer ministro Zeballos tomaron la decisión de que las regiones administraran la crisis cuando conocían de sobra la cruda realidad? Es cierto que, ante la falta de presencia en el Congreso, el presidente ha encontrado siempre un apoyo en las autoridades regionales, ¿pero valía la pena poner en riesgo la vida de millones de peruanos para garantizarse simpatías y respaldo político?

El 21 de abril del 2016, el entonces ministro de Salud Aníbal Velásquez escribía lo siguiente: “Ayer nuestro país recibió una excelente noticia: se promulgó la Ley 30423, que fortalece la autoridad de salud para la prevención y control de riesgos de enfermedades […]. Esta norma permitirá al Ministerio de Salud intervenir ante situaciones de riesgo para la vida y la salud antes de que se produzcan las epidemias y emergencias”. De acuerdo con la norma aprobada por unanimidad en el Congreso de la República, que se encuentra vigente y reglamentada, a diferencia de otros sectores, el incumplimiento en salud podía costar vidas; y eso no lo podía permitir ningún gobierno central. ¿Por qué se ha pasado por el engorroso y pomposo hecho de sacar un decreto de urgencia que permitiera intervenir la salud en Arequipa si las herramientas legales ya existían desde el 2016? ¿Cuál ha sido el rol que han desempeñado los ministros asignados a distintas regiones durante todo este tiempo? ¿Por qué se permitió que tres meses después de declarada la emergencia hubiera diecisiete regiones con una ejecución presupuestal inferior al 50%?

El proceso de regionalización tiene que ser revisado a fondo y debemos lograr que funcione, pero hoy el Perú vive una emergencia y la vida de millones de personas está en manos de quienes toman decisiones. Hacerlo mal y tarde es un crimen. Intentar quedar bien con los amigos no es una opción. Es tiempo de salvar vidas.