"Como buen machista, ni siquiera había considerado la posibilidad de que dos candidatas, que no coinciden nunca en nada, lo golpearan usando el mismo gancho". (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)
"Como buen machista, ni siquiera había considerado la posibilidad de que dos candidatas, que no coinciden nunca en nada, lo golpearan usando el mismo gancho". (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)
Patricia del Río

Periodista

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¿Qué tienen en común y ? No es una pregunta capciosa del tipo: ¿en qué se parece un borracho a un árbol? (el árbol empieza en el suelo y acaba en la copa; el borracho empieza en la copa y acaba en el suelo. Ya tienen chiste para la próxima parrillada). La interrogante va en serio y pretende visibilizar un vínculo que, de tan obvio, a veces pasa desapercibido. Ambas son las únicas que participan en esta contienda electoral.

Durante buena parte de la campaña, sin embargo, las candidatas, con ideologías absolutamente opuestas, no se han apoyado ni defendido. Al contrario, han intercambiado pullas y ataques. Keiko ha insistido en que Verónika representa a la izquierda radical y Verónika, por su parte, la ha tildado de corrupta, de prolongar el gobierno autoritario de su padre. Ninguna se ha tomado el trabajo, ni lo hará en estas semanas, de mostrar la mínima empatía por la otra. La Caperucita Roja (la Vero) y la Lobby feroz (la China) seguirán con la estrategia de darle a la otra en el suelo.

Pero el 29 de marzo ocurrió algo especial. Algo que muchos han interpretado, simplemente, como una audacia política de las candidatas con amplia experiencia en estas lides. Algo que ha provocado más risas que reflexiones. Algo que no se ha percibido como lo que es: una auténtica alianza de género en la que ambas candidatas participaron, probablemente sin proponérselo. Para decirlo con claridad, Keiko Fujimori y Verónika Mendoza ese día demostraron que las mujeres pueden reaccionar como mujeres, antes que como políticas, cuando se ven agredidas por un comentario machista.

Repasemos la escena: al candidato , que hasta ese momento le había ido más o menos bien con sus propuestas, se le ocurrió la peregrina idea de pechar a las chicas, asegurando que ninguna de las dos estaba preparada para enfrentar la inseguridad ciudadana. Las acusó de ser incapaces de ponerse un chaleco antibalas y enfrentar cara a cara a los delincuentes. El ataque tenía dos componentes complejos: iba dirigido solo a ellas y escogía un tema, la seguridad ciudadana, en que tradicionalmente se ha considerado a la mujer como incapaz de manejarlo. Basta con mirar la cantidad de ministras del Interior que hemos tenido para corroborar el prejuicio.

Forsyth ni siquiera imaginó el botón que acababa de apretar. Verónika Mendoza entró pata en alto y rápidamente lo acusó de sentirse un machito cuando salía a patrullar las calles protegido con chaleco antibalas y rodeado de personal policial. Le enrostró, además, que esos eran los primeros en arrugar y dejar desprotegida a la población.

A su turno, Keiko Fujimori esbozó una sonrisa como la de un futbolista al que le acaban de dar la oportunidad de meter un gol de media cancha, y le espetó al exarquero de Alianza que no hay peor jugador que el que cuelga los chimpunes a la mitad de un partido, y deja a su equipo tirado.

Touché. Al joven Forsyth se le desdibujó la sonrisa. Como buen machista, ni siquiera había considerado la posibilidad de que dos candidatas, que no coinciden nunca en nada, lo golpearan usando el mismo gancho. En casa, muchos tampoco captaron que estaban presenciando un triunfo por el que las mujeres venimos peleando hace décadas: la lucha por nuestros derechos es innegociable.

No se trata de romantizar a ambas candidatas: Keiko Fujimori tiene en su plan de gobierno una visión conservadora sobre los derechos de la mujer y Verónika Mendoza fue capaz de acercarse para dialogar con un personaje absolutamente misógino y machista como Vladimir Cerrón. Todavía falta mucho por avanzar en la lucha por nuestros derechos, pero olvidémonos de nuestras simpatías o antipatías por ambas candidatas, ese 29 de marzo se olvidaron de sus diferencias y le recordaron al Perú entero que mejor con las chicas no te metas.