En La Libertad los maestros radicalizan la huelga. Alrededor de 600 docentes marcharon por las calles de Trujillo. (Foto: JOHNNY AURAZO)
En La Libertad los maestros radicalizan la huelga. Alrededor de 600 docentes marcharon por las calles de Trujillo. (Foto: JOHNNY AURAZO)
Fernando Cáceres Freyre

Director de Síntesis Consultoría

El lunes pasado, el Ministerio de Educación (Minedu) reinstaló una mesa técnica para atender reclamos de alcance nacional planteados por el Suter Cusco, que dirige Ernesto Meza. Hoy, como para no perder protagonismo, el Sutep de las Bases Regionales de Pedro Castillo lleva a cabo un nuevo paro con reclamos también nacionales. Ambos buscan constituirse en una alternativa al devaluado CEN Sutep de Patria Roja, que hoy sigue siendo el único autorizado a negociar pliegos nacionales.

La foto es parecida a la de julio. Con el Suter Cusco, el Minedu se sentaba y les explicaba que no podía negociar temas de alcance regional: incremento a docentes, evaluaciones de desempeño, etc. Al Sutep de las Bases Regionales, al no estar formalizado, se le recibían por mesa de partes sus reclamos, y se les respondía que no tenían representación y que su medida de lucha era ilegal. Ambos grupos rechazaban el actuar del ministerio, y sobre esa base escalaban sus medidas de fuerza.

El Minedu no tiene mucho margen de maniobra. Debe actuar dentro de la legalidad, y no puede acordar nada de alcance nacional ni abrir mesas con quienes no están registrados. Las reglas de juego de estos docentes son inversas. Ellos necesitan actuar desde lo extralegal, y desde ahí llevar agua para su molino, mientras se constituyen en una federación de alcance nacional. Y es esta asimetría de reglas de juego la que debería llevarnos a entender que las relaciones con el magisterio no son responsabilidad solo del Minedu. Tienen mucho que ver con seguridad nacional.

Desde luego, es un craso error meter a todos los maestros en un solo saco. No solo por la solidaridad dentro del magisterio que se activa con caracterizaciones tan limeñas como ‘vayan a trabajar, terrucos’, sino porque hay grupos muy diferentes dentro del mismo a quienes hay que comprender, bajo riesgo de fracasar en las intervenciones. Hoy es posible diferenciar –al menos– tres tipos de maestros, en base a su actuación frente a la huelga.

Los docentes ideologizados: no tienen vocación de diálogo y suelen permanecer en la huelga detrás de cámaras. Puede identificárseles por proclamas como “rechazamos el modelo neoliberal” o “la democracia no soluciona los problemas del magisterio”.

Los docentes reivindicativos: tienen mayor disposición al diálogo, y van a huelga solo cuando lo consideran justo para proteger el derecho al trabajo y a la educación. Ellos suelen hablar de la “revalorización de la profesión” y se oponen a “evaluaciones punitivas y no formativas”.

Los docentes meritocráticos: no suelen sumarse a las huelgas y participan activamente en las evaluaciones de ascensos y desempeño.

Como es obvio, necesitamos estrategias diferenciadas para cada grupo y evitar que los ideologizados encuentren terreno fértil en los demás. La responsabilidad no es solo del Ejecutivo. Hoy muchos funcionarios de los gobiernos regionales y congresistas actúan como mera extensión de los docentes (incluso de los ideologizados). Prueba de ello es la reciente ordenanza del Cusco que prohíbe al Minedu realizar la primera evaluación de desempeño sin una extensa capacitación (ocho meses, pide el sindicato). Y la férrea oposición de congresistas como Edilberto Curro, del Frente Amplio, a que se apliquen descuentos por las horas no trabajadas durante la huelga, contraviniendo la propia Ley de Presupuesto que él aprobó.

Lamentablemente, en el mejor de los casos hoy los gobiernos regionales y congresistas se ponen de costado en la relación con el magisterio. Las autoridades necesitan empezar a ser autoridades, y aplicar estrategias diferenciadas y coordinadas. La historia no debe repetirse.

* El autor fue viceministro durante la huelga docente del 2017.