“¿Qué características tendrán los electores y candidatos digitales que se avecinan?”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
“¿Qué características tendrán los electores y candidatos digitales que se avecinan?”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
Alonso Cueto

Escritor

La política, como cualquier evento moderno, se ha rendido hace mucho a la civilización del espectáculo. Por eso, las últimas campañas políticas han sido formas de show donde la estrella era el candidato o el líder. Que un candidato supiera bailar, cantar y hacer reír han sido considerados puntos mediáticos a su favor. Entre nosotros, algunas de las elecciones pasadas incluyeron sesiones de reggaetón, pequeñas orquestas, algunas canciones compuestas especialmente para los candidatos (como esa que repetía “chino, chino, chino”) y, por supuesto, episodios inesperados. Uno de ellos fue el paso de una desafortunada paloma que se posó en la cabeza de en un mitin, ganando sus 15 segundos de fama.

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Hemos castellanizado la palabra inglesa para nombrar “mitines” a esos eventos que tienen los mismos elementos de una fiesta, con aspiraciones de ceremonia religiosa: música, coros, oraciones, un anfitrión, confeti y serpentinas. El evento de fondo siempre es el del orador principal que hace las veces de la divinidad.

No solo ha ocurrido en las campañas políticas. En el Perú, estos eventos tuvieron una enorme repercusión a lo largo de décadas. Sin embargo, hubo un tiempo en el que solo se componían de las voces de los oradores, como en el recordado discurso de Haya de la Torre en la Plaza de Acho el 23 de agosto de 1931 o en el de Fernando Belaúnde al volver de la reunión de jefes de Estado en Punta del Este, el 15 de abril de 1967. Fue ese día que dejó su memorable frase: “¿Qué me aplaudes, pueblo peruano, si tú mismo has hablado por mis labios?”.

Desde entonces, la falta de capacidad oratoria de algunos candidatos se vio compensada por otros elementos, que incluían el reparto de dádivas. Sin embargo, cuando estamos a algunos meses de las elecciones, las circunstancias han hecho que todo sea distinto. No sabemos cuánto tiempo durará la pandemia pero es obvio que este año y parte del próximo seguiremos teniendo que cuidarnos. Las manifestaciones masivas, si ocurren, seguirán siendo focos de contagio. Las visitas de candidatos a mercados y plazas, también. Hoy, al menos parte de la política ocurrirá a puertas cerradas.

Si es así, el candidato con más posibilidades será el que aparecerá mejor en la radio, la televisión o el internet. Sin embargo, también es verdad que tendría que competir con otras ofertas de la pantalla, entre ellas las telenovelas, los programas cómicos, los concursos y demás “productos”, como gustan decir los marketeros. Es posible que estemos avanzando hacia la política digital.

Sería un gran cambio. La idea del ciudadano enfervorizado por el discurso de la plaza se inicia con la revolución francesa, cuyo aniversario acaba de cumplirse. En el siglo XX, los oradores de calle fueron parte de movimientos extremistas como el nazismo y el fascismo. Un amigo de mi padre, Luis Felipe Alarco, me contó que vio cómo en las plazas de Alemania, la gente se desmayaba de la emoción al escuchar los discursos de Hitler. Todo eso fue anticipado por Ortega y Gasset al condenar la aparición del “hombre masa” en su famoso ensayo de los años 20.

A las puertas de la campaña electoral peruana, ¿podrán volver los mitines callejeros y fiebres bailables? Hoy, las plazas están en casa y son las redes sociales. ¿Qué características tendrán los electores y candidatos digitales que se avecinan?

Postdata: En estos tiempos inciertos, me he alegrado de de Pedro Cateriano. Lo conozco hace mucho y puedo dar fe de su calidad, compromiso y honestidad. Espero que tenga la suerte que él y todos los peruanos nos merecemos.