"Aunque no estemos del todo convencidos, debemos votar por alguien, si tan solo para evitar males mayores". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Aunque no estemos del todo convencidos, debemos votar por alguien, si tan solo para evitar males mayores". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Alonso Cueto

Escritor

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Haciendo honor a su tradición, la campaña electoral es un circo de mentiras utópicas. En ocasiones parece que un candidato escucha a otro para ofrecer medidas más absurdas que el anterior: liberaciones de impuestos, bonos mensuales y otras “maravillas”. La única conclusión de todo ello es que el genio humorístico de Serafina Quinteros en el vals “Parlamanias” (“Tenemos mil planes de todo tamaño, de todo calibre, de toda extensión”), estrenado en 1954, sigue vigente. Hoy en día tenemos a un público curtido en la dura costra del escepticismo, después de tantas promesas incumplidas. La mayor parte ha perdido la fe pero no del todo la esperanza.

El circo electoral tiene una contraparte en las noticias sobre la . Casi todas las semanas oigo hablar de amigos o conocidos que se han contagiado, han muerto o se encuentran en una cama UCI. Si nos llenamos de promesas por el lado electoral, también sabemos de las desgracias que abastecen los nombres de las lápidas.

En ocasiones, ambas experiencias parecen integrarse. El candidato a la presidencia por , por ejemplo, aparece muy campante, sin mascarilla, en sus mítines. Por otro lado, el candidato a la segunda vicepresidencia de RP, el almirante Montoya, ha anunciado que de llegar al poder eliminarían la cuarentena, “no importa el nivel de contagio”. Alguien debería informarle que el país que apostó por esa fórmula el año pasado, Suecia, perdió a muchos más habitantes que sus vecinos. Lo mismo ocurrió con las medidas de Bolsonaro en Brasil, hoy el segundo país con más muertos por el virus (solo el martes de esta semana la cifra de fallecidos fue de 2.841). Pródigo en noticias reveladoras, RP tiene como candidata al Congreso por Pasco a la señora Aracely Castillo, quien afirma que no conoce la región que busca representar. Cuando le preguntan si tiene algún proyecto que llevar adelante en el Parlamento, repite una fórmula: “Me estoy empapando en eso”.

Empapado también en la irresponsabilidad, el candidato acusa a la editorial Penguin Random House y al periodista Christopher Acosta de haberle robado una frase: “Plata como cancha”. La frase, sin embargo, no le pertenece al señor Acuña sino al habla común, y no está inscrita como marca en el área de Publicaciones en Indecopi. Nadie con un mínimo de criterio le dijo al candidato Acuña que su queja absurda iba a promocionar el libro más que cualquier elogio. Entre los elementos del circo puede sumarse las ofensivas y absurdas declaraciones de la candidata con el número dos de RP, Milagros Aguayo, que ha afirmado que “Dios creó al hombre para ser rey, sacerdote y profeta en su casa” y que ninguna mujer tiene derecho a quitarle ese lugar.

Ante este panorama, escucho decir a cada vez más personas que votarán en blanco o que lo viciarán. Yo recuerdo haber viciado mi voto solo una vez, cuando Fujimori se reeligió fraudulentamente en el año 2000. Por entonces puse en la cédula una frase de Vallejo, que como ha dicho Eloy Jáuregui, es, al fin y al cabo, uno de los peruanos más decentes. En el 2000, el voto viciado era una protesta contra la elección misma. En un mes, las serán limpias gracias al gobierno de transición del presidente Sagasti.

Recuerdo estos días la frase de Antonio Machado: “Todo es empeorable.” Aunque no estemos del todo convencidos, debemos votar por alguien, si tan solo para evitar males mayores. Algo en qué creer es lo que pedimos a los candidatos decentes, para salir de esa zona, entre el circo y el cementerio.