"Castillo representa a un sector enorme de la población que ha sido históricamente relegado, que no tiene acceso a los círculos de poder de la capital y que no ha sido atendido de manera adecuada por el Estado". (Foto: El Comercio)
"Castillo representa a un sector enorme de la población que ha sido históricamente relegado, que no tiene acceso a los círculos de poder de la capital y que no ha sido atendido de manera adecuada por el Estado". (Foto: El Comercio)
Maria Alejandra Campos

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Tras un proceso electoral que se sintió eterno y con múltiples entramados legales aún por resolverse, la probabilidad de que Keiko Fujimori logre arrebatarle el triunfo a es infinitesimal. En esa línea, sin detrimento a que los fuerzapopulistas sigan utilizando toda la metralleta de instrumentos legales que tienen a su disposición, sería bueno empezar a prestarle atención a quien ya tiene un pie y 99% del otro dentro de Palacio de Gobierno: Pedro Castillo.

La probable victoria de Castillo estará revestida de una cuota de ironía digna de la política nacional. Sería el primer outsider en 30 años, cuando el último fue el padre de su contrincante. Le ganaría a la candidata de las élites, igual que cuando Alberto Fujimori derrotó a Vargas Llosa. Y Vargas Llosa perdería por primera vez en 20 años, tras apoyar sucesivamente a candidatos que alcanzaron la presidencia.

Durante la campaña, el candidato deno supo disipar las dudas en torno a un posible gobierno suyo. No quedó claro quiénes conformarían su equipo de gobierno, qué proponía, ni cómo lo llevaría a cabo. Cambió de versión constantemente respecto a su política económica y a su relación con el sector privado y no pudo explicar cómo continuaría y mejoraría el proceso de vacunación contra el COVID-19. Hoy, es urgente que dé señales claras de cómo será un gobierno suyo.

Sin embargo, a pesar de los evidentes riesgos que trae consigo, Pedro Castillo será, muy probablemente, el presidente que acompañará al país en su bicentenario. Y con ello viene una gran oportunidad.

Una de las principales razones por las que Castillo mantuvo ventaja sobre durante toda la campaña de segunda vuelta y por la que tuvo un ascenso meteórico en la primera es porque su figura carga con un simbolismo potente. Castillo representa a un sector enorme de la población que ha sido históricamente relegado, que no tiene acceso a los círculos de poder de la capital y que no ha sido atendido de manera adecuada por el Estado. No es casualidad que su voto haya estado concentrado en los niveles socioeconómicos con menor poder adquisitivo, y en el centro y sur del país.

La gran oportunidad de Pedro Castillo es ayudar a reconciliar, un poco al menos, a este país quebrado por las diferencias étnico raciales, económicas y de representación política. Aunque no voté por él, sinceramente espero que, de confirmarse su llegada al poder, tenga un gobierno exitoso, que tenga la lucidez para anteponer los intereses del país y sus ciudadanos al despliegue ciego de políticas ideologizadas sin sustento en la evidencia y que logre estar a la altura de los enormes retos que enfrenta el Perú.

P. D. Entre la estela de escombros que dejó esta campaña, se encuentra buena parte de la reputación de los medios de comunicación. Desafortunadamente, los principales medios del país quebraron sus principios rectores e impulsaron una narrativa que promovía la polarización, sin preocuparse por la difusión de la verdad. Tomaron una posición que favorecía evidentemente a una candidata y esta no se transparentó al público. En ese devenir de sesgo editorial, numerosos periodistas a quienes respeto y admiro, que no estaban dispuestos a aceptar esa distorsión de su labor, fueron separados de sus cargos.

Aunque siempre he tenido plena libertad en esta columna, el cúmulo de cuestionables decisiones de este conglomerado mediático me impiden sentirme cómoda opinando en uno de sus medios. Es por ello que esta será mi última columna. Muchas gracias a Juan Aurelio Arévalo, Juan José Garrido y Fernando Berckemeyer por haberme aguantado todos estos años. Y gracias sobre todo a ustedes, estimados lectores, por haberse tomado la molestia de leer este espacio. Seguramente nos volveremos a encontrar.