Andrés Oppenheimer

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Si los encuestadores están equivocados y Donald Trump gana las elecciones del martes, algo que no parece muy probable pero puede suceder, agárrense fuerte: veríamos un giro a los extremos en ambos partidos mayoritarios de Estados Unidos.

Por extraño que parezca, una victoria del presidente convertiría en realidad la ridícula afirmación de Trump de que el Partido Demócrata se ha vuelto “socialista”.

Si Trump gana, el ala progresista de los demócratas, representado entre otros por el senador Bernie Sanders, diría: “Perdimos porque cometimos el error de elegir como candidato a un centrista como Joe Biden, que buscó el voto de los independientes y republicanos moderados. Deberíamos haber elegido un demócrata socialista que entusiasme a sus bases”.

Biden, por suerte, ha hecho lo opuesto. De hecho, no recuerdo un candidato demócrata en las últimas décadas que haya hecho mayores esfuerzos que Biden por conquistar los votos de los independientes y los republicanos moderados.

Además de elegir a Kamala Harris como su compañera en lugar de una progresista como Elizabeth Warren, Biden dio mucho más tiempo y visibilidad a políticos republicanos que a los líderes del ala izquierda de su propio partido en la Convención Nacional Demócrata en agosto.

El exgobernador republicano de Ohio, John Kasich, tuvo 3,9 minutos para hablar ante la Convención, y varios otros republicanos obtuvieron dos minutos o mas. En comparación, la superestrella del ala progresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez solo tuvo 1,6 minutos para hablar.

Desde entonces, Biden ha recibido varios apoyos de la derecha del arco político, incluidos los de la viuda del fallecido héroe militar John McCain, Cindy McCain, y varios exgenerales y lideres empresariales.

Pero si Trump vuelve a ganar las elecciones en el Colegio Electoral a pesar de perder el voto popular, como ocurrió en 2016, muchos concluirán que EE.UU. se ha convertido en un país gobernado por una élite blanca.

Dirían que cada vez más presidentes están ganando elecciones en el Colegio Electoral, donde los estados más pequeños y menos poblados están sobrerepresentados. Trump ganó en 2016 a pesar de perder el voto popular por casi 3 millones de votos.

A pesar de no haber sido votado por una mayoría, el sistema actual le permitió a Trump nombrar jueces vitalicios de la Corte Suprema con posiciones ultra conservadoras en temas como las relaciones raciales, el aborto y las armas, que solo cuentan con el apoyo de una minoría de estadounidenses. Si Trump es reelegido, muchos concluirán que el país se ha convertido en una democracia disfuncional.

Para ser claros, sigo pensando que Biden ganará. Faltando pocos días para las elecciones, el promedio de encuestas de CNN, FiveThirtyEight, y RealClearPolitics tienen a Biden ganando por entre 7 y 10 puntos porcentuales a nivel nacional. Los encuestadores dicen que han corregido varios de sus errores de 2016, y están confiados en que esta vez acertarán.

Pero si Trump gana, es probable que veamos una mayor polarización, y una mayor violencia política.

Si gana Trump, los republicanos concluirían que el discurso populista xenófobo del presidente funcionó, y se convertirán cada vez más en el partido de supremacistas blancos, neonazis y negacionistas de la ciencia. Los demócratas, por otro lado, perderían confianza en la democracia estadounidense y muchos se volcarían cada vez más hacia Antifa y otros grupos de extrema izquierda.

Una victoria de Trump empoderaria a los extremos de ambos partidos. Esa es una de las varias razones por las que tantos independientes y republicanos moderados quieren volver a la normalidad y apoyan a Biden.


–Glosado y editado–

© El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Content Agency, LLC