Algo que ya se empezó a hacer bien, por Roberto Abusada Salah
Algo que ya se empezó a hacer bien, por Roberto Abusada Salah
Roberto Abusada Salah

Presidente del Instituto Peruano de Economía (IPE)

Con alarmante frecuencia vemos el progreso del Perú retrasado por el lastre de un Estado sin gerencia, pobremente dotado de recursos humanos, plagado de ineficiencia y corrupción, y con instituciones débiles o disfuncionales. Cimentar una nación exitosa con un Estado fallido es materialmente imposible. Pleno desarrollo y debilidad institucional son en sí una contradicción de términos; algo inexistente.

Estado débil e instituciones frágiles son términos que se mencionan invariablemente para describir al Perú de hoy. Si bien el país ha probado ser capaz de construir algunas islas de excelencia (el , por ejemplo, es una institución de clase mundial comparable con cualquier banco central en un país desarrollado), una mirada al sistema educacional nos revela una carencia absolutamente incompatible con el concepto de ‘país desarrollado’.

Hoy la cuarta parte de los peruanos (7,5 millones) asisten a un colegio. Pero ¿contamos acaso con una mayoría de profesores idóneos, soporte pedagógico adecuado o infraestructura apropiada? La respuesta es no. No sorprende, entonces, que los escolares peruanos exhiban uno de los niveles de desempeño más pobres del mundo, muy por debajo incluso del de nuestros pares en América Latina.

Grafican esta terrible carencia 320 mil maestros, mal pagados y en su mayoría desmotivados, enseñando en más de 62 mil colegios, 25 mil de los cuales carecen de agua y electricidad, y de los cuales solo la cuarta parte tiene acceso a Internet. Increíblemente, hace medio siglo los maestros peruanos ganaban el triple que lo que hoy reciben. La remuneración del maestro peruano es ahora 60% menor que en Chile y 78% menor que la del promedio en países desarrollados.

Pero en medio de este desolador panorama, el Perú tiene la fortuna de contar finalmente con un líder capaz de convertir esta calamidad, quizá en menos de diez años, en una nación educada. El , al mando del sector Educación, parece ofrecernos un logro que a muchos puede parecer inalcanzable. Hijo y nieto de maestras, Saavedra es un experimentado economista que puede hablar con autoridad con sus colegas de profesión que integran el Gabinete, y, mucho más importante, posee la visión integral que el Perú requiere para la consecución de tan ambicioso resultado. Educación se convertiría en la principal fortaleza de la sociedad peruana.

El ministro ha abrazado sin complejos la reforma meritocrática iniciada por el gobierno anterior, y ha tomado las acciones para gradualmente mejorar la condición económica de los maestros, recuperar su autoestima e instituir una carrera docente basada fundamentalmente en el mérito del maestro, su capacitación y sus resultados medidos en términos de lo único que importa: el aprendizaje del alumno. Ha conseguido en pocos meses el compromiso del gobierno para aumentar cada año el presupuesto de Educación en 0,25% del PBI, aquello que en 12 años no logró el Acuerdo Nacional. 

Asimismo, se va ganando gradualmente la confianza del gremio magisterial, como lo demuestra el éxito de las masivas evaluaciones que realiza periódica y simultáneamente en todo el territorio nacional, y que sirven de criterio para el otorgamiento de importantes y diferenciados incrementos de salarios. Los directores de los planteles deberán, en su visión, ser los líderes en la consecución de excelencia, y para ello el ministro les está proveyendo de recursos económicos y apoyo administrativo a la par que de un mayor nivel de autonomía.

Pero la labor del ministerio no se ha quedado allí. Se ha embarcado también en el mejoramiento gradual de toda la infraestructura de los colegios, desde la construcción y reparación de locales hasta la dotación material didáctico; asignando, además, los recursos de mantenimiento que garanticen su sostenibilidad en el tiempo.

Falta, sin embargo, un elemento que escapa a la voluntad del ministro: la continuidad de la tarea para que trascienda al período del actual gobierno. Y es allí donde se requiere un importante acuerdo político. Falta ahora que los políticos de todos los partidos acuerden que el aumento anual del presupuesto educativo permanecerá invariado después del 2016 y que la misma persona permanezca en el Gabinete del próximo gobierno. Ello equivaldría a cambiar la ‘actual sopa de letras’ que es hoy el Acuerdo Nacional por un verdadero compromiso político de Estado que removería el principal obstáculo para hacer del Perú un país del Primer Mundo.