"El economista Richard Baldwin sostiene que estamos ante una crisis sanitaria que presenta un 'problema de dos curvas'". (Foto: iStock)
"El economista Richard Baldwin sostiene que estamos ante una crisis sanitaria que presenta un 'problema de dos curvas'". (Foto: iStock)
Juan José Garrido

Director periodístico de El Comercio

juan.garrido@comercio.com.pe

El economista Richard Baldwin sostiene que estamos ante una crisis sanitaria que presenta un “problema de dos curvas”: por un lado, la curva epidemiológica (prioridad en nuestro país), que señala el número de casos observados; ante la misma, solo queda aplanarla y de ahí la estrategia gubernamental de los “martillazos”. Por el otro, está la curva de actividad económica, una campana “hacia abajo” que expone la caída en la producción (PBI).

Este es, en términos de McKinsey, el “imperativo de nuestros días”: en primer lugar, contener la expansión del virus, luego expandir las pruebas virales y la asistencia médica, y finalmente apostar por una contención farmacológica o esperar el desarrollo de una vacuna. En segundo lugar, apoyar económicamente a familias y empresas a fin de soportar la crisis, para luego prepararnos para una reactivación de la actividad productiva cuando sea seguro. Es imperativo que la fibra económica se mantenga relativamente sana, de lo contrario no existirá con qué apalancar una vuelta a la normalidad.

Dicho esto, ¿qué escenarios se vislumbran para el Perú? McKinsey realizó un ejercicio (el cual usaremos como base) en el cual se plantean dos ejes: en uno, la expansión del virus y el grado de efectividad de la política sanitaria; en el otro, el “efecto dominó” de las decisiones sanitarias y la efectividad de las políticas económicas desplegadas. Dos observaciones para el caso local: por un lado, se trata de la efectividad, no de la esperanza, que las políticas económicas y sanitarias desplegadas tengan. En segundo lugar, tanto la efectividad de la respuesta sanitaria como la económica local está condicionada, en gran medida, por lo que ocurra en el ámbito internacional, y de ahí que exista cierto grado de dependencia.

Así, se podrían vislumbrar cuatro escenarios para el Perú. El primer escenario (pesimista): no se vislumbra en el mediano plazo una solución efectiva a la pandemia, y localmente se suman la falta de contención, la precariedad de la infraestructura sanitaria y el alto grado de informalidad; esto alarga la vuelta a la reactivación del aparato productivo, y si bien el Gobierno desplegó medidas de mitigación, las mismas no son suficientes para evitar la ruptura de la cadena de pagos, con la consiguiente pérdida de empresas y empleos.

El segundo escenario (moderado): la contención epidemiológica es relativa; la propagación del virus es limitada en algunas zonas, pero alta en otras (‘hotspots’); dicha contención mixta impide el regreso a una actividad económica general, lo que, sumado a la incapacidad de atender las necesidades de todos los agentes económicos, implica una recuperación parcial de la actividad económica.

El tercer y cuarto escenario (optimistas): en ambos, se identifica una solución a la crisis epidemiológica, lo cual permite avizorar un retorno a la vida precrisis; en el tercero, las fibras económicas locales se encuentran dañadas al punto que la eficacia de las medidas ejecutadas tiene resultados parciales, mientras que en el cuarto las medidas fueron efectivas, permitiéndose así la recuperación de nuestra actividad económica y gozar del rebote global.

Ojalá las medidas adoptadas cumplan su función y pronto veamos una luz al final del túnel.

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