Si ganas más de S/.45.600 también ahorrarás Impuesto a la Renta
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Roberto Abusada Salah

Presidente del Instituto Peruano de Economía (IPE)

No, no se trata de una ingeniosa campaña publicitaria lanzada por algún banco. El título alude a la disyuntiva que enfrentará el gobierno en el próximo año. 

Todos esperamos que en el 2015 la economía recupere un ritmo de crecimiento más alto. Y ese eventual logro marcará de seguro y de manera determinante lo que pase en los años siguientes. O el Perú retoma tasas de crecimiento de 5,5% o más, o entraremos en una senda de crecimiento mediocre; insuficiente para eliminar la pobreza. Ya no podremos esperar recuperaciones espontáneas, sino que estas serán el resultado de la calidad de la conducción económica y del impulso anímico que todos podamos construir.

El gobierno se ha percatado ya del poco efecto que logra con predecir alto crecimiento y tener después que ser desmentido mes a mes por las cifras publicadas. 

La expectativa oficial de un 5,5% de crecimiento económico en el 2015 es factible de ser realizada porque las exportaciones de minerales aumentarán con la iniciación o el incremento de las exportaciones de los nuevos proyectos, y porque también la economía mundial mejorará algo más, con una China estable y Estados Unidos recuperándose vigorosamente. Estos dos factores pueden elevar nuestro crecimiento del 2,5% que lograremos este año a algo menos del 4%. Pero a partir de allí todo el esfuerzo para lograr ese 5,5% dependerá de la audacia del gobierno para adoptar las medidas que aviven el ánimo de consumidores y empresarios.

Actualmente, no hay nada que garantice que la inversión privada, que por más de una década fue el principal pilar del crecimiento, vuelva a crecer. En el 2014 esta inversión caerá en alrededor del 1%, y para que vuelva a contribuir al crecimiento como anticipa el gobierno tiene que aumentar en al menos un 5%.

Del mismo modo, la inversión pública que este año increíblemente se estancó tiene que crecer en más de 10% para contribuir a la meta de crecimiento. Esta será una tarea delicada y requerirá particular esfuerzo. Las regiones, que concentran dos terceras partes del total de la inversión pública, en el 2015 seguirán afectadas por las consecuencias de los escándalos de corrupción que vivieron este año. Adicionalmente, muchas de sus autoridades se estarán inaugurando en el cargo y deberán pasar por un período de aprendizaje.

Finalmente, están los proyectos paralizados en infraestructura, minería, petróleo y energía que el gobierno deberá destrabar.

Afortunadamente, el Perú cuenta con fortalezas que permiten que el gobierno ponga en práctica un vigoroso plan de estímulo que logre un impulso en la demanda y un vuelco en las expectativas empresariales. Lo puede hacer porque, a diferencia de lo que sucede en países como Argentina, Brasil, Colombia o Ecuador –estos dos últimos severamente golpeados por la caída en el precio del petróleo–, el Perú tiene equilibrio fiscal, reservas internacionales enormes, inflación bajo control y deuda pública neta insignificante.

El gobierno debe cesar de emitir sucesivos paquetes de tímidas medidas e implementar de una vez un potente impulso contracíclico que cambie la tendencia del crecimiento.

Las medidas tienen que ser audaces y basadas en un liderazgo responsable que las torne creíbles. Deben abarcar no solo aspectos económicos, sino también elementos políticos que, por ejemplo, echen a andar los proyectos interrumpidos por el terrorismo blanco de desinformación a la población que el movimiento antiminero practica con total impunidad. Debe incluir mensajes claros a toda la burocracia estatal para que se alinee con el objetivo del crecimiento. Órdenes explícitas deben ser dadas al para que cumpla la ley y deje de obstaculizar, como hasta ahora, los procesos de contratación y despido. Orden inmediata a Petro-Perú para que traslade al consumidor la fuerte caída en el precio del petróleo. 

La demanda y el consumo deben ser animados con la disminución de impuestos a la renta en los tramos de ingresos bajos, elevando el tope sobre el cual trabajadores dependientes e independientes empiezan a tributar, y debe reducirse por un período fijo la tasa del IGV.

Finalmente, el presidente y los ministros deben abstenerse de hablar de ‘vacas flacas’ o ‘viento en contra’ y escoger de manera inequívoca cumplir la meta de crecimiento que ellos mismos se han planteado.