"Quienes están detrás de esta propuesta saben que el Gobierno no puede promulgarla. Le echarán la culpa". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Quienes están detrás de esta propuesta saben que el Gobierno no puede promulgarla. Le echarán la culpa". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Carlos Basombrío Iglesias

Analista político y experto en temas de seguridad

“Espejito, espejito, yo soy recontra popular, ¿por qué ya no me llaman los medios?”.

“Obvio, pues, congresista, estamos en una grave emergencia y usted no es ni presidente, ni ministro de Salud, ni de Economía; tampoco especialista en epidemias”.

“Pero, espejito, yo necesito salir, no se vaya a olvidar la gente de mí. Tú sabes que lo que quiero es el sillón de Pizarro”.

“Espera a otro momento; no seas otorongo”.

“Espejo, no sirves para nada. Yo solito la hago”.

Pensó, pensó y pensó. “¡Ya sé!”, se dijo, “las AFP. La gente está furiosa porque han bajado mucho sus fondos por lo que viene sucediendo en el mundo. Plantearé que la gente pueda sacar 20% de sus fondos… mmmmm, pensándolo bien, ¿por qué tan poco?, que sea 25%, suena mejor”.

Y así nació el proyecto para retirar hasta el 25% del capital acumulado en las AFP.

Como si el dinero estuviera en la caja fuerte de quienes las administran y no, como es lógico, en inversiones que puedan dar rentabilidad. Como si el solo hecho de debatirlo no fuera a generar una mayor pérdida a los aportantes, al tener estas que vender su participación en inversiones, en medio de la crisis, a precio de huevo, para poder entregar efectivo.

No es verdad que se hace para paliar la emergencia de los que ahora no tienen trabajo. El Gobierno ha autorizado sacar hasta 2.000 soles de sus cuentas de AFP a tres millones de aportantes, aquellos que tienen seis meses o más sin aportar. A los que están trabajando, cuatro millones, este mes no se les descuenta, con lo que aumenta su sueldo en esa proporción.

A su vez, es verdad que las AFP generan urticaria. Por ejemplo, en el 2018 tuvieron 488 millones de soles de ganancias, pero los fondos perdieron 2.500 millones de soles. ¿Por qué quienes contratamos para administrar nuestro capital ganaron buen dinero y a nosotros (los dueños) nos fue tan mal? Bien difícil de digerir.

No se trata pues de defender a las AFP a rajatabla. Hay que mejorar el sistema previsional en general. Por un lado, para que el viejito tenga con qué vivir, pero también para el bien de la sociedad en su conjunto, ya que, cuando no hay jubilación, son los otros los que tienen que pagar la cuenta o el viejito queda en el abandono. Y, ojo, cada vez somos más los adultos mayores.

Hay que discutir muchas cosas y este Congreso puede hacerlo, pero no en medio de una cuarentena, en la que el Gobierno está tratando de empinarse sobre nuestras precariedades, para evitar la combinada amenaza de un desastre sanitario y otro económico.

Se ha tratado de que comprendan lo contraproducente que sería esa ley. En medio del torbellino de cosas que la ocupan, la ministra de Economía y Finanzas estuvo siete horas en sesión de la Junta de Portavoces explicándoles las razones.

No la entendieron o no quisieron entenderla. Incluso algunos congresistas se han burlado después, en los medios, de sus explicaciones. Curioso, ya que ella ha mostrado gran competencia, empatía con los que más sufren e inteligencia para planificar la salida de la crisis lo más pronto posible. En cambio, cabe preguntarse cuál es el soporte técnico en estas materias detrás de los promotores de la iniciativa. Me atrevería a decir que ninguno.

Quienes están detrás de esta propuesta saben que el Gobierno no puede promulgarla. Le echarán la culpa. Y, si más adelante otras bancadas retroceden ante la insensatez y no consiguen votos suficientes para la insistencia, las harán responsables de no ser “sensibles a las verdaderas necesidades del pueblo”. Un crimen perfecto.

“Caramba, esta vez me ganó la iniciativa ese otro que también quiere ser presidente. Hice que mi bancada se sume al toque, pero con eso no se gana casi nada. Espejito, espejito, se te ocurre algo que plantear, rápido e impactante, y que la gente pueda esta vez asociar a mí”.

“¿Dijiste importante?”, le pregunta el espejo.

“No, dije impactante, que dé popularidad”.

“Pero estamos en la peor de las emergencias”, se sorprendió el espejo. “Hay que apoyar en eso ahora”.

“Ya me preocuparé de la gente cuando llegue a Palacio. Ahora necesito votos”.

(“Ay, ay, ay”, le dolieron los oídos al espejo y se rompió en mil pedazos)