Estocada al crecimiento
Estocada al crecimiento
Roberto Abusada Salah

Presidente del Instituto Peruano de Economía (IPE)

La palabra desastre describe literalmente el alejamiento de los astros, algo que en la antigüedad se asociaba con calamidades en la tierra. Contrariamente, en el Perú hemos visto a los astros alinearse como queriendo darnos una oportunidad dorada para impulsar el , el empleo y el bienestar. A los fundamentos sólidos de la economía se le han unido, finalmente, un mundo en franca recuperación económica, precios de minerales al alza, inflación bajo control e inversionistas ansiosos por comprar activos peruanos. Sin embargo, nada de esto ha evitado el patético ‘reality show’ protagonizado por nuestros políticos empeñados en fabricar un desastre, anteponiendo terca y torpemente su egoísmo al bienestar de la nación.

Para graficar la absurda situación en la que nos encontramos recordemos cómo el resultado de la primera vuelta electoral el año pasado produjo una euforia colectiva ante la seguridad de que cualquiera de los dos candidatos que triunfase acabaría con el estancamiento económico, el recelo ante la inversión privada y el deterioro institucional que dejó la administración Humala-Heredia. La similitud de los planes de  de los dos candidatos era notable. Ambos coincidían en las acciones a emprender para reencender el crecimiento, mejorar la salud, la educación y terminar con la pobreza. Ambos planes colocaban al mercado como el instrumento fundamental para generar riqueza y progreso. había demostrado su pericia e inteligencia en la conducción de los asuntos de Estado cuando ocupó los puestos de ministro de Economía, y después la Presidencia del Consejo de Ministros. , por su parte, se presentaba como la representante del partido que pacificó al país y puso en marcha las reformas de mercado de los años noventa.

Sin embargo, ha pasado más de un año de gobierno y lo único que hemos visto ha sido un enfrentamiento estéril entre Ejecutivo y Legislativo. La mayoría en el Congreso dedicando su energía a hacer sentir su caprichoso y muchas veces vengativo poder frente a un gobierno totalmente incapaz de reconocer que el resultado electoral le obligaba a tender puentes desde el primer día para terminar con la parálisis de reformas de urgente realización y poner de pie al país.

Se ha perdido un año entero en que la contienda de poderes nos ha atrasado. La pobreza se ha mantenido, el empleo ha retrocedido, la inversión ha caído y la calidad de las instituciones no ha mejorado ni un ápice.

¿Por qué teniendo condiciones favorables para tener un crecimiento vigoroso nos resignamos a crecer solo 3% o 4%? ¿Qué nos impide hacer las reformas y adoptar las políticas públicas para aumentar nuestro potencial de crecimiento? Teniendo condiciones que al igual que años atrás permitirían al Perú crecer 5% o 6% por año, hoy los cálculos de economistas nos dicen que el crecimiento al que podemos aspirar es menor al 4%.

Naturalmente, elevar ese potencial de crecimiento requiere de acuerdos políticos para labrar consensos explicando con claridad la magnitud del bienestar que se pierde ante la falta de decisiones. Las mejores armas que tiene un gobierno contra la politiquería y el populismo fácil son el trabajo político y la persuasión. Y el elemento de persuasión –y también de presión política más potente– es el de hacer visibles las consecuencias de no adoptar las reformas que se proponen (consecuencias fácilmente medibles en términos de desempleo, pobreza y falta de crecimiento). Solo mostrando los terribles costos de la inacción es que se puede contrarrestar al populismo o a la obstrucción, exponiendo así a quienes los practican al eventual castigo político de los electores. Hasta hoy, el demagogo, el populista o el simple oportunista ha continuado cómodamente minando el desarrollo sin ser mostrado ante la opinión pública como lo que realmente es.

La parálisis de reformas en que nos encontramos es tanto más condenable si tomamos en cuenta que el Perú no enfrenta los impedimentos económicos que agobian a muchos de nuestros vecinos para impulsar el crecimiento. Y es que todos los elementos necesarios para elevar fuertemente el potencial de crecimiento están en la esfera política y basta compararnos con el resto del mundo para saber qué reformar. Simplemente miremos aquellos aspectos de nuestras políticas que hacen que en todas las comparaciones internacionales nos encontremos a la zaga del mundo, ya sea por nuestra política laboral ultrarrígida, la agobiante maraña burocrática, el estado de la salud, la educación o la infraestructura.

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