Extraños en su propia tierra, por Hugo Coya*
Extraños en su propia tierra, por Hugo Coya*
Hugo Coya

Periodista

Sus padres, abuelos, bisabuelos deambularon, muchas veces, por el empedrado camino de la discriminación, la burla, la ofensa y se propusieron que ella no tuviera que transitar por la misma senda en su ya dura vida en el pequeño pueblo de Pampallacta, provincia de Aymaraes, Apurímac. 

¿Qué padres no desean preservar a sus hijos del sufrimiento? ¿Quién no quiere para ellos un futuro mejor? 

Pero Marisol Mena era treja, luchadora, rebelde, decidida a elevarse contra las normas, los prejuicios, contra aquello que querían imponerle. A más burlas, mayor resistencia; a más ofensas, la reafirmación de sus convicciones; a más agravios, la firme decisión de alzarse sobre la adversidad. 

Ahora, con 31 años cumplidos, se transformó en periodista, se volvió también docente y enseña a niños y jóvenes que tienen el mismo derecho que a ella pretendieron negarle: el expresarse en su propia lengua. 

Ella y el experimentado periodista Clodomiro Landeo son desde el lunes 12 de diciembre los conductores del primer noticiero íntegramente en quechua en la historia de la televisión peruana. Transmitido a todo el país por TV Perú y Radio Nacional, el flamante informativo cuenta con periodistas, productores y directores cuya primera lengua es el quechua para evitar que se transforme apenas en un programa traducido. 

La televisión y la radio de todos los peruanos dejan de ser solo de aquellos que hablan castellano. La decisión de llevarlo al aire está en sintonía con el discurso de 28 de julio pronunciado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski y no busca obligar a nadie a hablar la lengua originaria más extendida del continente, como se intentó en el pasado. 

Se pretende solo que el país que todos queremos alcance la modernidad, el desarrollo, la prosperidad, incluyendo a aquellos que no hablan castellano. Que todos los peruanos tengan acceso a información plural y de calidad. Podríamos usar numerosas palabras para definir esta iniciativa como ‘dignidad’, ‘derecho’, ‘igualdad’, ‘justicia’, ‘respeto’, etc., y apenas un solo vocablo en quechua que consigue reunir estos conceptos: ‘ñuqanchik’ (nosotros).

Considerado uno de los términos más hermosos porque refuerza la unión de los seres humanos sin distingos, “Ñuqanchik” es el nombre del nuevo programa radial y televisivo del Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú. Este busca, como en un espejo, que nos veamos reflejados en el otro, que recordemos siempre que ellos también somos nosotros y que nosotros somos ellos. 

Puede resultar difícil aquilatar la llegada de un noticiero de alcance nacional en un idioma original para quienes siempre tuvimos la oportunidad de encender la radio o la televisión y entender cada palabra e imagen, pero si nos colocáramos en la situación inversa comprenderíamos mejor la terrible paradoja que enfrentan estas personas. La sensación de no comprender todo lo que nos rodea, de perderse de algo y ni siquiera desconfiar de qué.

Hace unos días, un reportero de TV Perú le preguntó a una anciana en la Plaza de Armas de Huancavelica qué pensaba sobre un noticiero en su lengua originaria. La mujer respondió que ahora, a sus casi 70 años de edad, podría sentarse a ver y entender lo que dicen en la televisión, ya que nunca pudo hacerlo sin la ayuda de alguien. 

Nuestra historia está plagada de miles de muertos en conflictos sociales surgidos, muchas veces, por la falta de información o comunicación entre quienes hablamos castellano y aquellos que no. Existe un divorcio favorecido por el desconocimiento, la desconfianza, la manipulación, la negativa en reconocer al otro con los mismos derechos –como estar informado– en este país que aspira a ingresar a las ligas mayores de las naciones desarrolladas e incorporarse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). 

La aparición de “Ñuqanchik” constituye un pequeño paso en el reconocimiento de que formamos un país multicultural y multilingüe. La riqueza de un país no puede ni debe medirse apenas por el tamaño de su economía.

Es necesario darle al quechua el sitial que merece por ser uno de los mayores aportes culturales del Perú a la humanidad. Siendo mayoritario durante gran parte de nuestra historia para perder su hegemonía en el siglo XX, se le considera una de las lenguas vigentes más antiguas del mundo porque sus orígenes se remontan hasta Caral. 

Los dominios del quechua se extienden a Colombia, Ecuador, Bolivia, Argentina y Chile, superando los ocho millones de personas que la usan como medio de expresión. Pero, al igual que muchas lenguas antiguas, enfrenta el riesgo de extinción por el progresivo declive del número de personas que lo habla. 

La Unesco estima que nuestro país ha contado desde sus orígenes con 106 lenguas diferentes, muchas de las cuales se extinguieron sin dejar demasiados vestigios que nos permitan conocer cómo eran esas personas que las hablaban o cómo eran sus culturas. 

Hoy miles de peruanos no consiguen cada año superar las barreras que pretendieron imponerle a Marisol y renuncian a su lengua materna como un medio de supervivencia, para encontrar trabajo, hallar justicia, realizar un trámite, estar informado de lo que sucede en el país donde nacieron, o, simplemente, para no ser víctimas de burla o discriminación. 

Es necesario, pues, tomar medidas para acabar con la marginación de los compatriotas que hablan un idioma distinto al castellano y evitar que nuestros nietos conozcan que existió una lengua llamada quechua solo a través de los libros de historia o de algún aparato que los sustituya. Nunca más un peruano debería sentirse ajeno a su cultura, nunca más un peruano debería sentirse extraño en su propia tierra. El Perú es nuestro, el Perú somos nosotros. Necesitamos proclamar, en pleno siglo XXI, que la hora del cambio ha llegado. 

(*) El autor es presidente ejecutivo del Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú.