La otra frontera, por Carlos Melendez
La otra frontera, por Carlos Melendez
Carlos Meléndez

Politólogo

El vigésimo aniversario de la Guerra del Cenepa, librada entre Ecuador y el Perú, ha pasado inadvertido para nuestro país. Mientras el presidente Humala ha estado inmerso en las conmemoraciones del primer año del fallo de La Haya (que puso fin a los pendientes entre el Perú y Chile), en Ecuador ceremonias militares y pronunciamientos públicos ensalzaron la “gloria ecuatoriana” en dicho enfrentamiento bélico. El Ejército ecuatoriano organizó una “casa abierta” –recreación de la base militar de Tiwinza en la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro– y se homenajearon públicamente a sus héroes y veteranos de guerra en el Estadio Olímpico Atahualpa (con demostración de paracaidistas incluida). 

En la ceremonia castrense, el mismo día del aniversario (el 26 de enero) el propio presidente Correa se pronunció sobre dicha “gesta” y aprovechó para limar asperezas con las Fuerzas Armadas de su país. Para el mandatario, la “inapelable victoria (ecuatoriana) del Cenepa” (sic) fue vital para la consecuente paz. “Pese a las enormes diferencias ideológicas”, reconoce el mérito de los ex presidentes Mahuad y Fujimori en este proceso, aunque considera que ha sido su gobierno el que mejor ha avanzado en su viabilidad.

Efectivamente, en los últimos años el trato oficial entre Ecuador y el Perú ha evolucionado positivamente. A los ocho gabinetes binacionales se suma la coordinación en defensa y seguridad (específicamente en un plan binacional de desminado). Mención aparte merece el acuerdo recíproco de delimitación marítima entre ambos países –sellado por Correa y García–, clave para el Perú en el desenlace de La Haya. Se ha ido consolidando paulatinamente una relación de ex enemigos hacía una de colaboradores. En materia económica, sin embargo, la balanza comercial negativa ecuatoriana lleva a su gobernante –en una expresión más de su autoritarismo– a quebrar unilateralmente acuerdos comerciales entre ambas naciones. Ello abona más la incertidumbre de las reglas de juego para la inversión.

En la cotidianidad también se refleja un giro en las percepciones de nuestro vecino. Según el estudio “Ecuador, las Américas y el mundo 2012”, dirigido por Francisco Carrión y Hugo Cahueñas, un 35% de ecuatorianos tiene “confianza” en el Perú, mientras otro 35% expresa “desconfianza”. Empero, se avizora la mengua de tal recelo. Entre los adultos mayores la desconfianza alcanza el 40,5%, mientras que en las personas entre 18 y 34 años se reduce a 32,7%. ¿Evidencia ello la resolución de todos los problemas entre ambos países?

Las fronteras entre naciones con baja institucionalidad y debilidad estatal (como Ecuador y el Perú) son presas fáciles para la irrupción de poderes ilegales. Los reportajes de Ricardo León para este Diario sobre la minería y talas ilegales muestran el crecimiento de la impunidad y la dejadez de sendas autoridades. Existen 144 túneles de “mineros artesanales” ecuatorianos que filtran los recursos peruanos hacia el norte; campea la tala, la pesca y la caza en zonas “protegidas”. Si a ello se añaden el contrabando, el narcotráfico y el sicariato en el eje Tumbes-Huaquillas, la gravedad aumenta. Estos actores ilegales son los verdaderos enemigos que comparten ambos países. El reto es convertir los “problemas de frontera” en agenda nacional e internacional.