“La globalización es un concepto centrado principalmente en la economía de mercado”.(Ilustración: Víctor Aguilar)
“La globalización es un concepto centrado principalmente en la economía de mercado”.(Ilustración: Víctor Aguilar)
Francisco Miró Quesada Rada

Exdirector de El Comercio

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La mejor prueba de que existe la mundialización es el . Durante la antigüedad, la Edad Media y el Renacimiento, las pandemias se focalizaron en Europa o en Asia. Todo empezó cuando surgió lo que los franceses llaman mundialización, que no es lo mismo que globalización.

En realidad, no son lo mismo por su origen y significado. En primer lugar, porque el término (‘globalization’) es anglosajón, mientras que mundialización (‘mondialisation’) es francés.

En su libro “¿Qué es política en el siglo XXI?”, se basa en los estudios de Theodore Levitt, Braudel y Wallerstein. Para él, la globalización significa un hecho muy reciente, referente al comportamiento de las firmas internacionales desde los años 80. La mundialización se refiere al contenido histórico, no solo por lo ocurrido desde 1492 (el descubrimiento del Nuevo Continente por parte de Cristóbal Colón) en adelante, sino debido a diversos descubrimientos y conquistas en África, Asia y Oceanía.

En consecuencia, la globalización es un concepto centrado principalmente en la economía de mercado. Por ello, su visión del mundo (ideología) es mercado-céntrica. La mundialización es un concepto más universal que abarca una serie de actividades humanas y no se reduce solo a las económicas. Ambos no están desprovistos de una carga inevitable de acción política.

Es un hecho que el mundo globalizado o mundializado está integrado por la tecnología de la información. Pero ello no es solo el producto de la razón práctica, sino también de la teórica. Este mundo no es solo comercio, industria, libre competencia, emprendimiento y ganancia. Es desigualdad, migración a gran escala, marginación y exclusión de individuos y etnias. Es también un asunto de poder, de quiénes lo tienen y controlan.

Así como desde la mundialización aparecieron formas de dominación, tenemos ahora otras expresadas a través de un poder plutocrático, en grupos que controlan multimillonarias y expansivas corporaciones multinacionales.

El sociólogo alemán Ulrich Beck sostiene que la globalización es politización, “porque su puesta en escena permite a los empresarios y a sus asociados reconquistar y volver a disponer del poder negociador política y socialmente domesticado del capitalismo democráticamente organizado”. De allí se deduce que lo ideológico en la globalización consiste en que los grupos de poder nos “venden” la idea de una visión del mundo economizado y despolitizado.

Lo económico es como un gran Leviatán que se traga a la sociedad completa. De esta forma, el Leviatán político (el Estado) ha sido reemplazado por el mercado como única verdad, porque el mercado, sus leyes y la libre competencia nos llevarán a la tierra prometida de la riqueza absoluta. Para alcanzar esta meta, hay que eliminar una serie de obstáculos, entre ellos, la “cochina política”.

Pero hay más. sostenía que la globalización es una “sociedad líquida” en la que existe una “vida líquida”. Se trata de una vida precaria, vivida en forma de incertidumbre constante. Sus características son la “desechabilidad”, la inestabilidad y el despojo de entidades estables. Esto explica en gran parte la crisis de las instituciones políticas, como los partidos, el Estado, los sindicatos, etc. Pero lo más grave de esta realidad globalizada mercado-céntrica es la “destrucción creativa”, porque quien no se adapta queda excluido.

La globalización, que se presenta como una “sociedad de la información” pero que no llega informar a todos, carece de utopía, de un proyecto futuro. Se presenta como el fin del mundo y sus exégetas argumentan que después de este no puede haber nada mejor.

Esto es distópico, y una sociedad que no puede imaginar su futuro muere, pero no por la pandemia, sino porque faltan ideas y alternativas al orden establecido. No obstante, como dice el filósofo argentino-canadiense Mario Bunge, siempre queda una esperanza para crear un lugar mejor que permita la realización plena del ser humano. Ello se alcanza con una democracia integral, con formas de vida económicamente plurales y en armonía con el medio ambiente. No por una visión del mundo impuesta por grupos de interés. Esta democracia integral nos acercará a una mundialización y a una globalización totalmente humanizada y sin ceguera ética.