"Si como sugiere su símbolo, Avanza País es un tren, a Hernando de Soto hay que imaginarlo deambulando por pasillos desiertos y cabinas abandonadas, camino de la estación final del proyecto político que emprendió meses atrás". (Ilustración: Víctor Aguilar)
"Si como sugiere su símbolo, Avanza País es un tren, a Hernando de Soto hay que imaginarlo deambulando por pasillos desiertos y cabinas abandonadas, camino de la estación final del proyecto político que emprendió meses atrás". (Ilustración: Víctor Aguilar)
Mario Ghibellini

Periodista

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Si como sugiere su símbolo, es un tren, a hay que imaginarlo deambulando por pasillos desiertos y cabinas abandonadas, camino de la estación final del proyecto político que emprendió meses atrás. Los siete congresistas elegidos por ese partido ya anunciaron de una u otra manera el sentido de su voto en la segunda vuelta, y hasta , notorio integrante de su “gabinete en la sombra”, ha saltado por la ventana al grito de: “en esta hora decisiva no se puede ser indeciso o esperar a ver quién gana”. De Soto se ha quedado, pues, solo y hablando con los espíritus. Y lo peor de todo es que los espíritus no lo entienden, porque Dios sabe que los mensajes en los que él invariablemente se enreda cuando toma la palabra constituyen un reto para la semiótica.

“Déjenme que les diga la cosa siguiente”, les recita a sus ocasionales interlocutores cada vez que se dispone a pronunciar uno de sus oráculos y a partir de ahí, se desata la Babel. Pero si bien la decodificación de sus discursos puede requerir habilidades de adivino, la intención que existe detrás de ellos suele ser fácil de intuir. Y la homilía que nos ha dispensado en esta oportunidad no es la excepción.

–Intrigante intriga–

Después de crear una gran expectativa en torno al anuncio de su postura frente a la segunda vuelta, el excandidato presidencial compareció esta semana efectivamente ante la multitud para proclamar “la cosa siguiente”: “No al comunismo. No a la economía de mercado sin inclusión”… Y la gente, por supuesto, se quedó pensando: si comunismo no es y economía de mercado sin inclusión tampoco, ¿qué demonios será lo que sí es? Pues abre la cortina y ya sabes el resto.

Sería injusto, sin embargo, afirmar que no dejó en su pronunciamiento pista alguna sobre el ánimo que late en el corazón de su intrigante intriga. “Estoy proponiendo –declaró en un comunicado que colgó en las redes– a la candidata , una fórmula para que su propuesta sea inclusiva y no mercantilista; y al candidato , otra fórmula para que no se politice la economía dentro de un régimen comunista”. Le faltó agregar que aquel que mejor atendiera sus designios –permitiéndole permanecer en el centro del escenario del que el electorado tan malamente lo había corrido– sería, quizás, recompensado con la bendición de su voto. Pero en este caso, curiosamente, su mensaje se entendía clarito. De Soto, se diría, piensa que le toca esperar la noticia de cuál de los dos candidatos obtiene el triunfo en las ánforas para luego convocarlo a su presencia y encargarle formar un gobierno en su nombre.

Más revelador que lo que el ex postulante por Avanza País incluyó en su argumentación, sin embargo, es aquello que omitió. Porque, de acuerdo con su comunicado, la más seria de las amenazas que entraña la candidatura de Castillo –si no la única– sería la posibilidad de que “se politice la economía dentro de un régimen comunista” (algo que, en realidad, es constitutivo de tales regímenes). ¿Y qué pasa con la derrama magisterial de amenazas contra el estado de derecho que el aspirante por Perú Libre ha protagonizado a lo largo de la campaña? ¿Son acaso moco de pavo sus anuncios de “desactivar” el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo, cerrar el Congreso y traerse abajo la Constitución? Contra lo que alegan los apañadores del tirano en ciernes, no estamos ante simples “dichos desafortunados”. Las cuatro instituciones de las que pretende deshacerse son precisamente aquellas que limitarían su poder si llegase a la presidencia. Y eso De Soto lo sabe y lo calla. Prefiere presentar el escenario, esencialmente, como una confrontación entre dos visiones de la economía, porque eso sirve a su escenificación de la duda hamletiana delante de una platea que al parecer imagina repleta y escuchándolo con la respiración contenida. Seamos claros: el choque entre las visiones económicas ciertamente existe y es de enorme importancia, pero no es lo único que aquí está en juego. Y por eso la platea se va quedando vacía, igual que el tren fantasma en el que Hernando viaja.

Nadie discute, desde luego, el derecho de cualquier persona a permanecer indeciso frente a las opciones en liza en esta segunda vuelta, así se trate de alguien que en las dos elecciones anteriores estuvo dispuesto a apoyar a la señora Fujimori desde la primera y sin muchas condiciones. Pero es evidente que quienes acompañaron al excandidato de Avanza País en ese proyecto político, integrando sus listas parlamentarias o su equipo para un futuro gobierno, sienten que su actitud no es coherente con los principios por los que entraron a pelear en esta campaña y han tomado ya su propio camino.

–Peripecia y calendario–

Entretanto, con inocultable sarcasmo, algunos columnistas amigos han señalado en estos días que quizás esta suspensión en el éter podría resultarle rentable a De Soto para su futuro político, simulando ignorar lo evidente. No solo lo que marca el calendario, sino la distancia irremontable que han tomado de él sus excolaboradores y votantes. En homenaje a una vieja amistad, desde esta pequeña columna le deseamos a Hernando largos y saludables años de vida. Pero a propósito de su última peripecia política, no le conviene engañarse: esta vez no habrá “cosa siguiente”.