Historias de Crimea, por Héctor López Martínez
Historias de Crimea, por Héctor López Martínez
Redacción EC

La península de se ha convertido, durante las últimas semanas, en escenario de cambiantes noticias de primera importancia, ya que ese territorio, pequeño de tamaño, tiene una inmensa trascendencia para Rusia, pues en la base de se encuentra su flota del Mar Negro, la encargada de vigilar los movimientos de la VI flota de Estados Unidos en el Mediterráneo. Perder Sebastopol sería un golpe impensable para Rusia, pues solo le quedaría la flota del Báltico. Por esa razón tenían alquilado el puerto hasta el 2042. Luego del contundente referéndum, Crimea se integrará a Rusia.

Crimea también es importante en la historia del periodismo. Como se recordará, las aspiraciones opuestas del emperador Napoleón III de Francia y del zar Nicolás I de Rusia sobre Turquía, donde el emperador francés quería establecer la tradicional influencia política de su país, así como el choque del imperialismo británico –en este caso aliado de Francia– con los designios rusos, desembocaron en una sangrienta conflagración que transcurrió de 1853 a 1856.

En esa contienda aparece un personaje cuya fama crece constantemente: el corresponsal de guerra. El primero de ellos fue (1820-1907), enviado al teatro de operaciones por “”, de Londres. Sus despachos causaron extraordinario impacto en el ámbito político y entre los lectores de ese prestigioso diario. En ellos se describía el cúmulo de padecimientos de los soldados británicos y franceses que morían en mayor número debido al frío y a las enfermedades que a causa de las balas.

En razón de las informaciones publicadas por “The Times”, con noticias de Crimea, cayó el Gabinete que presidía George Gordon Aberdeen, quien fue sustituido por Lord Palmerston. Provocaron también el gran impulso de generosidad que permitiría a Florence Nigthingale desarrollar su nobilísima obra benéfica a favor de los combatientes enfermos o heridos. Además, esta fue la primera guerra ampliamente fotografiada. En lo sucesivo, en todas las guerras nunca dejaría de estar presente el periodista con su libreta de apuntes y otro con su aparato fotográfico. Una cosa más: el telégrafo transcontinental haría posible que los reportajes de Russell llegaran a Londres el mismo día. Un avance en las comunicaciones realmente extraordinario.

En la medida que los corresponsales de guerra fueron siendo más numerosos y las comunicaciones mejoraron cada vez más, pese a las obvias restricciones de la censura, los despachos periodísticos hicieron que las decisiones castrenses quedaran bajo una vigilancia más estricta de las autoridades políticas y, sobre todo, de la opinión pública, que comenzó a tener una importancia decisiva. 

Durante el siglo XX Crimea fue lugar de solaz del último zar, Nicolás II. Allí veraneó con su familia durante un par de años, a partir de 1911. Más tarde harían lo propio los jerarcas soviéticos. En Crimea está Yalta, balneario donde en febrero de 1945 Roosevelt, Churchill y Stalin se reunieron para trazar el nuevo mapa de Europa. Ese cónclave sucedió en el palacio Livadia, una joya del neoclasicismo italiano. Ya en tiempos más recientes, en Yalta le ofreció un espléndido homenaje Leonid Brézhnev a Richard Nixon. Por último, en ese lugar tiene su melancólico retiro Mijaíl .