“Vizcarra ha nombrado como embajador en la OEA a Vicente Zeballos –el que se prestó a justificar el cierre del Congreso– como premio a su servilismo e ineptitud”. (Foto: Presidencia).
“Vizcarra ha nombrado como embajador en la OEA a Vicente Zeballos –el que se prestó a justificar el cierre del Congreso– como premio a su servilismo e ineptitud”. (Foto: Presidencia).
Fernando Rospigliosi

Analista político

El por la cantidad de fallecidos por millón de habitantes es otro de los trágicos récords que nos ha traído el incompetente Gobierno de . En realidad, las cifras son mucho peores, porque esa contabilidad se hace en base a las cifras oficiales que son alrededor de la mitad de las reales, considerando la diferencia de muertos el año pasado y este. Ese es precisamente el sistema de recuento que utiliza Bélgica, que es el segundo país en esa funesta estadística.

Hace ya varias semanas el Perú tuvo el triste privilegio de encabezar la lista de países con en el mundo. En este caso la responsabilidad directa y absoluta de ese desastre es de Vizcarra y sus ministros, que impusieron una cuarentena larguísima e inútil, porque no sirvió para detener la propagación del virus y arrojó al desempleo y a la miseria a millones de peruanos.

Como repetí muchas veces en esta columna, si la inmovilización obligatoria hubiera servido para atajar el virus, podría haberse justificado. Pero desde el principio fue evidente que no era así, a pesar de lo cual Vizcarra y sus ministros persistieron en esa estrategia errónea.

De otro lado, la expansión de los contagios ha sido tan intensa, que puede ser que ya se esté llegando, por lo menos en algunas regiones, a la denominada inmunidad del rebaño; es decir, que el virus ya ha infectado a la mayoría de la población y es muy difícil que siga expandiéndose.

En cualquier caso, el peligro sigue siendo muy alto, pero esta vez quizás sí se esté llegando al punto más elevado. No obstante, debido a la pandemia, al Gobierno de Vizcarra y a su creación, el desastroso Congreso actual, la situación del país es terriblemente crítica.

No solo porque entre ambos poderes están dilapidando los recursos del Estado y tratando de arruinar las empresas privadas, sino porque el caos político propiciado por ellos se convierte en un freno decisivo para la recuperación del país.

Ahora los congresistas amenazan con nombrar otro Tribunal Constitucional (TC). De hacerlo, probablemente organizarían a uno a su imagen y semejanza; es decir, horripilante. Precisamente el pretexto que usó Vizcarra para disolver ilegalmente el anterior Congreso fue el nombramiento de un abogado honesto y competente como Gonzalo Ortiz de Zevallos como miembro del TC. Ahora, el Parlamento que él obsequió al país, se propone empeorar las cosas.

Como cereza del pastel, Vizcarra ha nombrado a Vicente Zeballos –el que se prestó a justificar el cierre del Congreso– como premio a su servilismo e ineptitud.

Con la incertidumbre total acerca de lo que puede ocurrir con un Congreso tomado por el populismo desbocado y con lo que pueda suceder en las elecciones generales del próximo año, es casi imposible que la inversión privada, que es el principal motor de la economía y de la creación de empleos productivos, se reactive de manera significativa.

La muy eficaz labor de destrucción de la ya precaria institucionalidad política que hizo Vizcarra y la coalición que lo respalda están evidenciado ahora sus consecuencias.