“La compilación reúne textos y testimonios de 83 peruanos, la gran mayoría redactados desde la independencia, y muchos de ellos no incluidos en los textos más conocidos sobre el Perú”. (Fuente: El Comercio).
“La compilación reúne textos y testimonios de 83 peruanos, la gran mayoría redactados desde la independencia, y muchos de ellos no incluidos en los textos más conocidos sobre el Perú”. (Fuente: El Comercio).
Richard Webb

Director del Instituto del Perú de la USMP

La autocrítica y la autofelicitación nacional son parte de la conversación constante de un país, pero la llegada de un centenario –o de un bicentenario como el que nos toca en el 2021– exige un esfuerzo más pensado para entender la compleja realidad del Perú. Con esa reflexión, al Fondo Editorial del Congreso para publicar una colección de “miradas”, y dedicó casi dos años a la selección y preparación de la obra, que consiste en dos tomos finalmente publicados este mes. La compilación reúne textos y testimonios de 83 peruanos, la gran mayoría redactados desde la independencia, y muchos de ellos no incluidos en los textos más conocidos sobre el Perú. Comparto mis impresiones de algunos de los textos que más me gustaron.

Un primer autor poco leído es el padre Felipe Mac Gregor, que fue rector de la Pontificia Universidad Católica cuando me tocó dictar clases en ese centro de estudios. Me animó leer su enérgico rechazo del pesimismo acerca del país. Menciona que “hay entre nosotros quienes piensan con el hígado y no con la razón”. Más bien, afirma: “Mi desacuerdo con la visión del Perú como una larga, continua, protraída ‘frustración’ es total”.

Un texto más conocido es el del abogado y político Manuel Vicente Villarán, que tuvo especial claridad en cuanto al problema de la educación y, en especial, a su vínculo con la economía y la geografía. “Para educar una nación”, escribió, “es forzoso comenzar por tenerla realmente”, siendo necesario primero conquistar las enormes barreras de los cerros, la selva y el desierto. “Lo primero que una nación requiere es el elemento material del territorio”.

Jorge Basadre es el autor infaltable, pero me dio especial satisfacción la selección escogida, un texto leído en el cierre de CADE 79, un año antes de su muerte. Basadre reconoce la modernidad y expresa optimismo, “esta comunidad histórica se ha ido haciendo en una marcha multisecular”, y “lo que importa sobre todo no es lo que fuimos sino lo que es”, y matiza “la idea obsoleta acerca de lo que han significado las fronteras [...] cuando crecen, en nuestro tiempo, día a día, las comunicaciones aéreas y terrestres, la televisión vence todas las distancias” y empieza “la instantánea transmisión de imágenes e ideas”.

Un ensayo de Pablo Macera sobre el grupo de peruanos que formó la Sociedad de Amantes del País durante la Colonia es particularmente revelador de la combinación de inquietud filosófica y el proceso de transmisión y formación de ideas políticas que luego jugaron un papel en la independencia, y más generalmente, en el desarrollo de investigación y conocimiento de la geografía e historia del país. A través de la publicación del “Mercurio”, se debaten los impedimentos geográficos para el desarrollo nacional.

En otro capítulo, Luis Alberto Sánchez nos da unas impresiones e interpretaciones especialmente francas de los cambios que ve cuando regresa al Perú en los años 80 después de una larga estadía en el extranjero. El gran orador y polemista empieza su relato pisando tierra, con una impresión visual: “La primera impresión al regresar fue que los hombres han ido disminuyendo de talla [...]. Los hombres son cada vez más flacos y más chicos y peor vestidos [...]. La raza estaba evidentemente debilitándose”. Para el fútbol peruano, continúa, esto era una mala noticia: “En adelante no habría goles sino desde el área de defensa”.

La compilación también incluye un extracto de la conclusión que escribe Antonio Raimondi, cerrando su última entrega de la obra “El Perú”. Después de una vida entregada al descubrimiento y al viaje hazañoso por el país, Raimondi hace un llamado a los “jóvenes peruanos”. “Os pido pues vuestro concurso. Ayudadme. Dad tregua a la política y consagraos a hacer conocer vuestro país y los inmensos recursos que tiene”.

Finalmente, y haciendo juego con el pedido de Raimondi, Bákula incluye un texto del ingeniero Alberto Benavides, geólogo, minero, creador de empresa y, sobre todo, amante del país y benefactor de los peruanos en las áreas de extrema pobreza donde caminaba y descubría el mineral. “Los más importante en la minería es que abre las comunicaciones al interior del país”, escribe en sus memorias. Habla además del liderazgo, y del ejemplo, “trabajando codo a codo” con sus trabajadores en los yacimientos.

Cierro con una lamentación –la no inclusión de la obra del médico Maxime Kuczynski–, excluido seguramente por no ser peruano, pero quien, al estilo de Raimondi, contribuyó al conocimiento del país no con discursos y teorías sino con el trabajo sacrificado, disciplinado de observación en diversas comunidades de la sierra y de la selva, donde conversaba y llegaba a conocer los detalles económicos y sociales de las poblaciones que estudiaba, y quien dejó excelentes reportes y recomendaciones, luego publicados por la Universidad de San Marcos. Su obra es un contraste a la tendencia de muchos de los que han escrito imponentes interpretaciones sobre las poblaciones mayoritarias, sin haber salido de sus escritorios en Lima.