El multipartidismo peruano, por Francisco Miró Quesada Rada
El multipartidismo peruano, por Francisco Miró Quesada Rada
Francisco Miró Quesada Rada

Exdirector de El Comercio

Es un tema que viene de lejos y que en esta primera vuelta se ha manifestado nuevamente. En rigor es una tendencia que no revierte y al parecer forma parte de aquella otra informalidad, que, salvo a uno que otro politólogo, poco o nada interesa: la política.

Si nos remontamos a la segunda mitad del siglo XX y estos 16 años del XXI, advertimos que el multipartidismo peruano aumenta con sus altas y bajas. Pruebas al canto. 

En las elecciones de 1956, participaron cuatro partidos políticos. El Movimiento Demcrático Pradista, Acción Popular, el Lavallismo y la Democracia Cristiana. Para las elecciones de 1962, anuladas y con golpe de Estado, el número aumentó a siete. En 1963, fueron cinco. No había segunda vuelta. Triunfó Fernando Belaunde.

Sin embargo, y aquí empieza el tsunami multipartidista, para las elecciones a la Asamblea Constituyente, que originó la Constitución de 1979, se tuvo 108 partidos. 

El Perú había estado bajo una dictadura militar de dos fases, Juan Velasco y Francisco Morales. Cuando este último convocó a elecciones, se produjo una salida feroz del “corcho de champaña”. 

Parecían burbujas democráticas saliendo con gran potencia de la botella autoritaria que la aprisionaba, por la necesidad que tenía el pueblo para expresarse libremente y participar en el proceso constituyente. Sin embargo, tal cantidad de partidos no significó que todos participaron. Solo fue una especie de grito por la libertad. En realidad, se registraron oficialmente 11.

Esto no cambió. Ahí van los datos: elecciones 1980, 15 partidos; 1985, 21 partidos; 1990, 9 candidatos a la Presidencia de la República, 17 agrupaciones postularon al Senado y 24 a diputados. 

En 1992 fueron las elecciones para el Congreso Constituyente Democrático, después del golpe desde Palacio de Alberto Fujimori, quien tras haber sido elegido por el pueblo convirtió su gobierno en una dictadura cívico-militar. Hubo siete partidos en contienda –Acción Popular se abstuvo para no legitimar la dictadura–, diez agrupaciones independientes y una alianza. Total: 18 partidos. 

Ya los “independientes”, con sus ‘outsiders’ habían empezado a aparecer a fines de la década de 1980. El primer ‘outsider’ exitoso no fue Fujimori, sino Ricardo Belmont, que ganó la Alcaldía de Lima en 1988. 

Desde entonces, la sombra del ‘outsider’ ronda la política peruana. Fueron 27 las agrupaciones políticas en las elecciones de 1995. Hubo entre ellas 15 candidatos a la Presidencia de la República. 

La tendencia continuó en el actual siglo. En el 2000, 20 partidos. El número más bajo fue en el 2001, 13 partidos. En el 2006, 20 partidos. En el 2011, 11 partidos. En el 2016, 17 partidos. En estos procesos unos continúan y otros se retiran. En la primera vuelta reciente dos fueron separados por el Jurado Nacional de Elecciones.

De todas maneras, el descarte lo hace el ciudadano que elige, la cifra repartidora y la valla o barrera electoral determinada por el porcentaje requerido para que un partido tenga representación en el Congreso. 

El pensador italiano Giovanni Sartori en su clasificación del sistema de partidos, cuando se refiere al sistema multipartidista, dice que hay dos. El atenuado o atemperado entre cinco y siete partidos, y el integral y extremo, con más de esa cantidad. 

Si seguimos esta clasificación, el multipartidismo peruano es el extremísimo y me atrevo a decir un caso único en el mundo. ¿Esto es malo o bueno? No es lo deseable, pero es mejor esta pluralidad a cualquier dictadura abierta o velada.

¿Se revertirá la tendencia? Difícil saberlo al menos que encontremos una fórmula para ello, o la política, al igual que la economía, vaya poco a poco formalizándose. Por ejemplo, los chilenos cuando recuperaron la democracia, desde la izquierda moderada y radical fundaron la convergencia. 

Así, Chile pasó de su multipartidismo, no tan extremo, a una especie de bipartidismo. Izquierda y derecha. Pero desde luego el Perú no es Chile. Somos otra historia.