La multiplicación de los memes, por Pedro Suárez-Vértiz
La multiplicación de los memes, por Pedro Suárez-Vértiz

Los mensajes virales son textos, fotos o videos de contenidos llamativos, difundidos sin ninguna intención comercial –lo que no quita que posteriormente tengan consecuencias en ese sentido– a través del Internet. Para identificar su naturaleza, admitamos que antes del Internet ya existían hechos virales. Basta un botón: ¿recuerdan a la actriz Monchi Brugué personificando a una carismática bebita que decía “Horrible, oye”? Esa sola frase volvió loco a todo el país. La gente abarrotaba las salas de teatro donde se presentaba Pataclaun para disfrutar la obra y la pegajosa frasecita de Monchi. Los tiempos avanzaron y hoy ya se pueden perennizar estos ‘culturgenes’ (teoría del biólogo Edward Wilson) y compartirlos masivamente. Los virales son un fenómeno de gran éxito en Internet. Como las fotografías ‘cicutas’ rotuladas burlonamente y llamadas memes, término proveniente de ‘memética de la transmisión cultural’ (estudiada por el científico inglés Richard Dawkins).

El lado oscuro del asunto es que generalmente ridiculizan a una persona o violan su privacidad cruelmente. En eso, la morbosidad del público y el anonimato del Internet se combinan en uno de los más decadentes hábitos contemporáneos. Sin embargo, los ‘virales’ son como una rebelión ante el mismo Internet, el cual se suponía que era la democratización de la voz pública ante los manipulados medios preexistentes como la radio, la TV y la prensa. La revista alemana Stern –explicando por qué artistas o productos nuevos alcanzan cientos de millones de visitas en solo días– informa: “Las calificaciones en Internet no son confiables. En China existen fábricas de calificaciones online.Trabajadores sincronizan cientos de equipos a la vez para falsificar calificaciones a gran escala”. Hasta lo mostró con fotos. Por ello el viral, gracias a su naturaleza informal, se difunde tan poderosamente. Porque no es un producto manipulado en Internet sino algo creado realmente por el público. Los videos virales llegan por diversas fuentes; la más cercana son los familiares y amigos en el Whatsapp y las redes sociales. Los adolescentes son los más actualizados en el tema. Es increíble cómo un video de solo segundos, y con un contenido a veces inexplicable, puede alcanzar escalas inimaginables.

Como el tontísimo viral de los chicos de EE.UU. titulado ‘Damn Daniel’ –dos muchachos filmándose mutuamente en variadas vestimentas diciendo ‘damn Daniel’, algo así como ‘asu, Daniel’–, que hizo que sus protagonistas terminaran entrevistados en el set de Ellen Degeneres, asistieran a los premios MTV Movie Awards y obtuvieran un canje de zapatillas de por vida.

Destacando el uso inteligente y acertado de este moderno ‘boca a boca’ del Internet, hay quienes hacen cruzadas importantes que se difunden con mucho éxito. Como el Ice Bucket Challenge, donde las personas famosas y no famosas se tiraban un balde de agua con hielo en apoyo a la búsqueda de la cura para una enfermedad.

Los memes aparecen durante todo el año, pero se multiplican en fechas especiales. Hablando del Perú, es durante la época de las elecciones o eliminatorias de fútbol. Me intriga cuánta creatividad, cuánto sarcasmo, cuánto entretenimiento y, a veces, cuánta maldad. Gran parte de la gente hoy siente que las figuras públicas son un blanco obligado de burlas y ataques a través de la supuesta democratización de las redes sociales. Lamentablemente, quienes abusan del ‘bullying’ en sus comentarios están provocando el desvirtuamiento de la voz del pueblo en Internet. Espero que los memes y mensajes virales no tiendan hacia la vejación sino al desarrollo de la creatividad. Mientras, sigamos divirtiéndonos.

Esta columna fue publicada el 2 de julio del 2016 en la revista Somos.