"No son bloques de Lego, para armar. Son profesionales con formación, especialidad, preparación. Son personas con más o menos vocación, con más o menos diligencia. No son intercambiables". (GEC)
"No son bloques de Lego, para armar. Son profesionales con formación, especialidad, preparación. Son personas con más o menos vocación, con más o menos diligencia. No son intercambiables". (GEC)
Federico Salazar

Periodista

“Nos falta énfasis para mejores resultados en el futuro”, ha dicho el presidente . Lo hizo tras la juramentación del consejo directivo de la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales.

No ha dicho el jefe del Estado (lo es, aunque no quiera) en qué debe poner este énfasis. El objetivo es mejorar resultados en los indicadores sociales y en la ejecución presupuestal. No dice, sin embargo, en qué hay que poner énfasis para lograrlo.

No se trata de un lapsus cualquiera. Revela, justamente, lo que le falta al gobierno de Martín Vizcarra. Lo que le falta, clamorosamente, es saber qué hacer para obtener resultados.

El gobierno, por ejemplo, no tiene un plan de seguridad ciudadana. El ministro del Interior, Carlos Morán, anunció el retiro de la seguridad a los futuros congresistas.

El presidente Vizcarra lo desautorizó. Dijo que era una propuesta. El ministro, sin embargo, había sido “enfático” y había anunciado, incluso, un decreto supremo.

Los ministros, luego, anunciaron que retiraban sus escoltas. De esta manera, trataban de tapar el agrio episodio. Morán anunciaba, revitalizado, que esas escoltas pasarían a sumar las fuerzas policiales en las calles.

Toda la secuencia revela una sola cosa: improvisación. Se trata de la improvisación en una materia esencial: la seguridad ciudadana.

El presidente Vizcarra quiere coordinar con el Congreso. El ministro Morán anuncia que quitarán seguridad a los congresistas. Corrigen a Morán. Luego, Morán dice que eliminarán el resguardo para los ministros.

¿Y así resolveremos el problema de la seguridad ciudadana?

Quitar resguardo a los congresistas para pasar a esos policías a las calles es algo que busca aplausos. No es algo que arregle el problema, ni de lejos. Es un show para las graderías, y nada más.

La seguridad ciudadana no depende de un número de policías. Depende de la organización y los planes estratégicos. Depende de la capacitación, las calificaciones, las carreras.

El caso del asesinato de ha revelado aspectos esenciales del problema.

Hay policías que no hacen su trabajo. Mandan a una madre que denuncia a buscar a su hija, porque “seguramente debe haberse ido con otro”.

¿Cómo llega un policía a una posición así? En este caso, no hay falta de policías. Había un policía, pero era un mal policía.

¿Por qué los buenos policías no están en el lugar adecuado? ¿Cómo ascienden, cómo llegan a sus posiciones, cómo se distribuyen, cómo los evalúan?

El teniente general Gastón Rodríguez, director nacional de Orden y Seguridad, supo del caso e intervino por iniciativa propia. Llamó al general Juan Carlos Sotil, jefe de la Dirección de Investigación Criminal. Sotil, a su vez, designó al comandante Grandez para el caso.

El comandante Grandez, según la madre de Solsiret, leyó el expediente y en diez días tenía decidido este caso. En diez días.

Si el general Rodríguez no intervenía, no pasaba nada. No pasó nada en casi cuatro años.

La seguridad ciudadana no puede depender de iniciativas personales de las buenas autoridades. Debe depender de las instituciones; es decir, de la organización.

Las tareas deben organizarse de tal manera que, cuando llegue una denuncia, podamos contar con un policía como el comandante Grandez.

No es, pues, un problema de número de policías sino de organización de la institución policial. ¿O no tenemos tantos buenos policías?

Y si no tenemos hoy tantos buenos policías, ¿qué garantiza que un grupo de nuevos policías tenga más buenos que malos? Un otrora resguardo congresal o un antes liebre de ministro: ¿es el policía que necesitamos en la calle?

No son bloques de Lego, para armar. Son profesionales con formación, especialidad, preparación. Son personas con más o menos vocación, con más o menos diligencia. No son intercambiables.

Un número mayor de policías no resuelve el hondo problema institucional.

Nuevos policías no son, automáticamente, buenos policías.

Es un problema de ingeniería, no de aritmética. El gobierno no sabe de qué se trata. Anuncia una medida y después otra. Se enreda solo.

El presidente debe poner énfasis en algo. Su elisión (lingüística) parece, más bien, una elusión (política). Su gobierno elude tareas esenciales, como la seguridad ciudadana.