Patricia del Río

Hablemos de . Si tuviéramos que hacer una lista de aquellos congresistas que no quieren mover un dedo para que el presidente se vaya a su casa, la señora María del Carmen Alva claramente no estaría en ella. Los audios que han aparecido con más ruido que nueces al final de la semana, solo comprueban lo que ya todos sabíamos: cuando nadie la ve, la señora se prueba bandas presidenciales y practica su mejor saludo frente al espejo.

¿O acaso ya se olvidaron el desplante que le hizo a Francisco Sagasti en 28 de Julio? El día del cambio de mando, este fue a entregar el distintivo presidencial al Parlamento y la flamante presidenta no lo recibió ni le abrió la puerta. Ella ya había conseguido su banda presidencial, que ella misma se colocó por unos minutos, hasta pasársela a Pedro Castillo. ¿Fue una cábala? ¿Algún ritual para encantar ese pedazo de tela con el fin de que regresara a ella meses después? Quién sabe, pero claramente no le funcionó.

La señora Alva asumió la Presidencia del Congreso en uno de los gobiernos más amenazados de nuestra historia republicana. Desde que se sentó a presidir la mesa directiva, supo que bastaría un pretexto o una nimiedad para que la oposición se sacara de encima a un presidente que nunca reconoció legítimo. Lo que tal vez nunca imaginó, es que Castillo sería una máquina expendedora de causales de vacancia y que el Congreso chillón, cuyos representantes habían gritado fraude hasta la saciedad, decidiera mantenerlo en el cargo mucho más allá de lo tolerable. Imposible no imaginarla todos los domingos, prendida de los programas dominicales esperando la renuncia que sacaría al hombre del sombrero de Palacio, para comprobar después que ni la casa de Sarratea, ni Karelim, ni el wáter de Pacheco, ni Silva se lo tumbaban. Imposible no intuir su frustración. A veces pienso que tanto puchero, tanta pataleta, tanta “esta es mi casa” solo se explican como las rabietas de quien tuvo que guardar por enésima vez, ese outfit que le hacía juego a la estola blanquirroja.

¿Es un pecado que la señora de la dura mirada quisiera ser presidenta de la República? No, todo el mundo es libre de soñar con lo que le da la gana. Lo que no le está permitido hacer es echar mano de recursos anticonstitucionales para hacerse del poder y hasta donde sabemos eso no ha ocurrido.

Lo que resulta absolutamente revelador de los audios no es un supuesto complot golpista, que yo francamente no veo, sino que la señora María del Carmen haya creído, alguna vez, que el pueblo está de su lado. ¿Es en serio? ¿Cuándo se pone polleras, o se da baños de pueblo, de verdad cree que la gente la ve como su próxima presidenta?

Lo que tal vez debería ir entendiendo la señora María del Carmen Alva es que, así como Castillo está por pasar a la historia como el presidente más incompetente que hayamos tenido (además de corrupto, por supuesto); ella va a regresar a casa con su corona de miss tonta útil. Pocas personas han contribuido tanto como ella para sostener una presidencia que hace agua por todos lados. Con su clasismo y su desagradable autoritarismo, la señora Alva consiguió victimizar a Castillo, que lo único que necesitaba para que su manido discurso barato de ricos y pobres cobrara sentido era que una rubia de San Isidro le hiciera caritas o lo dejara con la mano extendida.

Vivimos épocas difíciles, horrendas en realidad; y si queremos salir de esta desgracia debemos exigir que Pedro Castillo deje la presidencia, pero también que políticos como la señora Alva se vayan a su casa a seguir cursos acelerados de empatía y realidad nacional. A ver si la próxima vez está a la altura.

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