Perú de hoy, por Pedro Suárez-Vértiz
Perú de hoy, por Pedro Suárez-Vértiz

Perú sí ha cambiado, a pesar de las quejas de todos. Ha crecido muchísimo, en lo bueno y malo. Sobre todo la capital. Hay mucho todavía por hacer por las zonas rurales, pero yo tengo la esperanza de que esas carencias se resuelvan de una vez. No es justo que los lugares más bellos de nuestro país sean los menos favorecidos. Es una ironía. Y he aquí un raro fenómeno: a pesar de esa desigualdad nacional, todo nivel social ha sido alcanzado por la globalización tecnológica –Internet y ordenadores–, lo cual genera más movimiento tanto en lo formal como en lo informal. En mi opinión, ese progreso también ha hacinado a la capital y la ha vuelto un revoltijo incontrolable. Es como si nuestra alocada economía hubiese hecho crecer nuestros defectos: más tráfico, más celulares, más tiendas y, en consecuencia, más inseguridad.

Pero fuera de ese feo costo, en infraestructura de servicio público sí hemos adquirido estándares internacionales que nos benefician mucho. Esta dicotomía apoya la frase “Perú, país de matices”. Los adelantos tecnológicos han permitido que estemos conectados con el mundo y podamos ofrecer nuestras bondades al exterior. Esto producto del desarrollo interno, como la gastronomía, la moda, la artesanía y otras manifestaciones del arte, como la música.

El tema del auge de nuestra comida, tesoro generado por todos los peruanos, se lo debemos en gran parte a Gastón Acurio, que en una ingeniosa ocurrencia –por puro amor a nuestro combo– volvió la búsqueda de ingredientes y la preparación de un ‘tacu tacu’ en un irresistible espectáculo televisivo. Dio espacio mediático a todo cocinero –sea de carretilla o de cinco tenedores– sin importarle si eran o no su competencia. Así puso en valor todo nuestro cancionero culinario entre los peruanos y volvió una ‘moda’ nuestra comida, cual hits de rock.

En música, si bien no tenemos estrellas nuevas hace años, hay muchas escuelas que antes no existían y que ponen a las generaciones al nivel de los mejores profesionales del exterior. Solo es cuestión de esperar.

Yo, en lo personal, he vivido el cambio de haber grabado en cinta magnetofónica y consola de perillas en 1988, a hacerlo todo en la pantalla de una computadora sin un solo soporte análogo. Es alucinante y en ese mismo aspecto se ha visto influenciado todo profesional.

Poniéndonos sensibles, se podría entender que estos avances, al unísono con el mundo, nos permiten estar más informados. Sin embargo, se piensa que se ha perdido el contacto cara a cara, el barrio, el libro. Esto hace que las familias tengan que plantear bien el rol de la tecnología en sus hogares y no dejar que el ‘calor humano’ y la conversación desaparezcan. Y aunque parece que será inminente la debilitación de la comunicación familiar, los pocos conscientes de este peligro nos salvaremos. Confío en que la adicción a las redes y al WhatsApp se calme en los próximos años. Para terminar: culturalmente el acceso a la información hace que todos seamos más conscientes de la importancia de la buena alimentación y el deporte, y se tiene más información y comunicación abierta sobre el alcohol y las drogas. De hecho, gran parte de la nueva generación hoy tiene mayor contacto con sus padres. En estos últimos 30 años se ha visto jóvenes audaces y mucho más actualizados que un profesional de épocas anteriores. Perú es un país difícil de olvidar. Ningún peruano se puede desprender de la nostalgia y el orgullo de su vida aquí. Esfuerzo, fe y el conocimiento actualizado día a día serán nuestro camino al triunfo.

Esta columna fue publicada el 25 de junio del 2016, en la edición por los 30 años de la revista Somos. 

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