Populismo bandeirante, por Carmen McEvoy
Populismo bandeirante, por Carmen McEvoy
Carmen McEvoy

Historiadora

A raíz de la firma en el 2010 de un nuevo acuerdo entre el Estado Venezolano y un puñado de empresarios brasileños, y Hugo Chávez celebraron la integración regional. Las naciones sudamericanas –recordó el presidente de Brasil– estaban vinculadas a su madre, mediante un simbólico cordón umbilical. Aunque no aclaraba la identidad de la progenitora, la imagen ayudaba al fortalecimiento de una alianza estratégica que proponía, además, un escenario alternativo. La dependencia de ese norte, ignorante de lo sudamericano, era para Lula un recuerdo. Con su tecnología aplicada al trópico, Sudamérica era capaz de ver más allá que Estados Unidos, para el que “el invierno era invierno” y “el calor era calor”. En breve, la relación sur-sur obligaba a tomar distancia de un norte, ajeno a una diversidad que solo los nativos comprendían bien.

La dimensión geopolítica de las giras, subvencionadas por Odebrecht, convierte a Lula en un bandeirante del siglo XXI. Para los conocedores de la historia del imperio portugués en América, los bandeirantes eran expertos en el desarrollo de espacios negados u olvidados para incorporarlos a la economía imperial. Ellos moldearon la geografía y ciertos rasgos económicos del Brasil moderno. A diferencia de sus antecesores –también traficantes de esclavos–, Lula propone un esquema neocolonial con una ideología propia de la cultura política sudamericana: el populismo. Bueno es recordar que las críticas contra el neoliberalismo soslayan una relectura del populismo, causante –al igual que su ideología contraria– de la corrupción.

Para el carismático Lula, el mejor ejemplo de gobernanza no provenía de los libros, sino del “espíritu de la madre”, la cual escogía al más débil de sus hijos para darle la mamadera. En una relación simbiótica –representada por múltiples cordones umbilicales pero también por las intrincadas relaciones entre un Estado patrimonial y un empresariado mercantilista–, Lula definió su visión de la política y de la economía sudamericana. Así, los que requerían del cuidado del Estado eran los pobres porque los demás se las arreglaban solos. El escándalo de corrupción que involucra a , empresa que irónicamente se enriqueció bajo la administración del Partido de los Trabajadores, nos brinda luces sobre los problemas estructurales de un “neopopulismo” prebendario con pretensiones planetarias. Recordemos que buena parte del dinero de la trama Petrobras-Odebrecht fue utilizado no solo para preservar el poder en Brasil, sino también para consolidar su modelo y hegemonía en toda la región. En esas circunstancias, al igual que otros países, Venezuela recibía el apoyo de Lula y de sus asesores en las campañas presidenciales, respaldo que fue determinante. En las elecciones del 2012, que dieron el triunfo al candidato oficialista, , Lula aseguró en un mensaje televisado que el delfín de Chávez conduciría “brillantemente” a Venezuela al lugar soñado por el comandante. 

Todos estamos al tanto de la pesadilla que viven los hermanos venezolanos y del desaliento y frustración que hoy embargan a los ciudadanos de las repúblicas involucradas en la trama de corrupción más grande de nuestra historia. El emperador bandeirante se ha quedado desnudo y el modelo político que nos vendió, con sus carreteras y otros proyectos, se derrumba ante nuestros ojos.