"Las relaciones entre PPK y Aráoz no son buenas y están enturbiadas por la presencia del antecesor de ella, Fernando Zavala". (Archivo El Comercio)
"Las relaciones entre PPK y Aráoz no son buenas y están enturbiadas por la presencia del antecesor de ella, Fernando Zavala". (Archivo El Comercio)
Fernando Rospigliosi

Analista político

El año que viene será alborotado y quizá violento. La crisis política no se resolverá con llamados a la paz, la conciliación y el perdón. Esos son buenos deseos que no tienen significación en la política, que se mueve por intereses y pasiones. El presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) jugó su mejor carta, el indulto a Alberto Fujimori, cuando estaba en una situación desesperada, luego de engañar impúdicamente a los antifujimoristas que, cegados por el furor, se negaron a ver la evidente negociación que estaba en marcha. 

La credibilidad del presidente se ha extinguido completamente. Después de las mentiras sobre su relación con Odebrecht, sus descarados embustes sobre el indulto han arruinado lo que era una parte muy significativa de su capital político. Él, a diferencia de Alejandro Toledo o Alan García, era considerado un político inhábil pero no mendaz. Ahora cualquier cosa que diga será cuestionada. 

Peor todavía, ha arrastrado en su caída a la presidenta del Consejo de Ministros y segunda vicepresidenta, Mercedes Aráoz, que el jueves 21, cuando se discutía la vacancia en el Congreso, negó enfáticamente el indulto. Y luego ha insistido en que no hubo negociación, cuando todos se dan cuenta de que fue un canje. 

Para complicar más las cosas, las relaciones entre PPK y Aráoz no son buenas y están enturbiadas por la presencia del antecesor de ella, Fernando Zavala, en quien el presidente sí confía y que, según varias versiones, jugó un papel decisivo en las componendas del indulto. Aráoz, además, es ambiciosa y quiere más poder, lo que ha obligado a desplazar a gente cercana a PPK y complica la designación del nuevo Gabinete, porque ella pretendería imponer algunos nombres.  

Por eso hasta ahora solo ha podido reemplazar al ministro del Interior, cuando la idea original era hacer una reestructuración mayor inmediatamente. 

Como es obvio, cada vez le será más difícil a PPK encontrar ministros con las capacidades adecuadas. 

La fractura del fujimorismo también es un hecho y eso constituirá un alivio para el Gobierno durante un tiempo. Alberto y Kenji han obtenido una victoria y pretenden aplastar a sus adversarios. Los primeros en la lista, como se había anunciado hace tiempo, son Pier Figari y Ana Vega, inseparables de Keiko desde antes del 2011. 

Si logran desplazarlos, caerán otros hasta que Kenji y Alberto se hagan del control del partido y la bancada. Por eso Keiko va a resistir, aun a riesgo de una ruptura pública. Además, ella es partidaria del principio que formuló un ex comandante general del Ejército: lo más importante es la lealtad y no la inteligencia. Figari y Vega parece que se adecúan a ese enunciado. 

A su favor Keiko tiene la ventaja de ser opositora a un gobierno débil, impopular y desprestigiado, mientras que Kenji y Alberto tendrían que compartir el descrédito de PPK si persisten, como es previsible, en respaldarlo. 

En las izquierdas, el Frente Amplio de Marco Arana ha quedado mejor situado que Nuevo Perú de Verónika Mendoza. Estos últimos decidieron con sus diez votos la no vacancia de PPK, a pesar de que lo consideraban responsable de los actos de corrupción que se le imputaban. Es decir, prefirieron dejar en la Presidencia de la República a alguien al que consideran deshonesto para, supuestamente, no ser partícipes de un fantasioso golpe. Ahora ambos grupos competirán azuzando movilizaciones y atacando al Gobierno. 

En el primer artículo que publiqué este año me refería a que “la posibilidad de una destitución del presidente es muy real”, y conjeturé que “quizás en un lapso de seis meses a un año se produzca una crisis y se tensen las fuerzas a favor y en contra de la vacancia”, precisando que la condición ausente era la de masas populares en las calles protestando contra el Gobierno. (“”, 1/1/2017). 

En efecto, eso ocurrió en ese lapso, y esa situación esencial, las protestas populares, no estuvieron presentes. Pero el próximo año podría ser más complicado. Si bien la situación macroeconómica está mejorando, eso no se traduce todavía en mejoras del empleo y los ingresos. La reconstrucción de las zonas afectadas por El Niño costero sigue demorando. Esos y otros problemas pueden dar lugar a protestas sociales que se superpongan a las movilizaciones políticas. En ese escenario, y ante la aparición de nuevas evidencias del Caso Lava Jato, la amenaza de vacancia volverá a aparecer.

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