(Foto: Renzo Salazar/ GEC)
(Foto: Renzo Salazar/ GEC)
Daniela Meneses

Periodista y abogada

En el último episodio de la serie “Seinfeld”, Jerry, Elaine, George y Kramer son acusados de violar la ley del buen samaritano. Fueron testigos de un asalto y, en lugar de ayudar a la víctima, decidieron sacar su cámara. En una escena, el abogado que los defiende dice que no existe una obligación de ayudar a los otros: “De eso se trata este país”. Han pasado más de 20 años desde ese mayo de 1998, pero las preguntas planteadas están más vigentes que nunca. ¿Existe un deber de ayudar? ¿Qué dice de nosotros que en estos casos optemos por más bien apretar ‘grabar’?

En casi todos los sentidos, es imposible comparar el asalto del que fueron testigos cuatro personajes de ficción con el incendio de un bus en un ‘garaje’ aledaño al ex , que mató a 17 personas e hirió a otras 16. Una tragedia por la que deberán responder la empresa y las autoridades. En casi todos los sentidos es imposible hacer la comparación, menos en uno: aquí también hubo testigos que, en lugar de ayudar, sacaron sus cámaras.

No me quiero detener en esta columna en temas legales, sino morales. Habría que comenzar diciendo que quienes vieron el fuego crecer pueden haber querido ayudar y no lo hicieron por considerar demasiado peligroso acercarse a un bus en llamas. Pero, aunque esta razón sea válida, queda un sinsabor. ¿Por qué parece entonces que algunas personas en realidad se acercan para tener una mejor captura? ¿No había, por otro lado, alguna forma de ayudar que no implicase ponerse a sí mismos en peligro, y que fuera mejor que filmar? Por lo demás, no es la primera vez que vemos este tipo de conductas. Todos conocemos eventos similares donde gente ha sacado una cámara para filmar accidentes de tránsito, asaltos, peleas, violaciones…

El ‘efecto espectador’ se utiliza para explicar que personas (con o sin filmadora) se limiten a observar eventos como estos. Diversos experimentos indican que mientras mayor es el número de personas que presencian un hecho, menor es la probabilidad de que alguno de ellos haga algo. La responsabilidad de alguna forma parece diluirse entre todos, y cada individuo puede creer que seguramente alguien más hará algo. Hablando sobre esto en el contexto de una violación grupal, la profesora de piscología de la Universidad de Harvard Mahzarin Banaji le dijo a la radio NPR que es importante entender el fenómeno que hay detrás. Esto nos permite comprender que aquellos que no brindan ayuda no son automáticamente monstruos desalmados. “Nosotros mismos, si no estuviéramos mejor educados sobre este efecto particular y lo que genera en nosotros, podríamos caer en lo mismo”.

El ‘efecto espectador’ se volvió un objeto importante de estudio luego del asesinato en Estados Unidos de una mujer llamada Kitty Genovese. La versión de entonces (que ha sido luego desmentida, como se puede ver en un documental en Netflix) fue que al menos 38 personas la escucharon pedir ayuda sin hacer nada. Pero esto sucedió en 1964. “En la época de las redes sociales y de la comunicación instantánea, el potencial de ver un síndrome de Kitty Genovese en esteroides aumenta”, escribió el periodista Clyde Haberman en el NYT.

El que los testigos que no actúan vengan muchas veces acompañados de cámaras trae una serie de preguntas. ¿Es acaso que estar filmando nos hace sentir más lejos de lo que está en nuestras narices? ¿Nos hace considerarnos parcialmente ausentes, en tanto también estamos en nuestra realidad virtual? ¿Sentimos quizás una necesidad de hacer que el momento no sea solo sobre los otros? ¿De hacerle ver a nuestros seguidores que ese dolor es también nuestro? ¿Que también merecemos pena y reconocimiento?

Esto por no hablar de los casos donde las redes sociales cumplen un rol mucho más oscuro. Pienso por ejemplo en dos casos estadounidenses mencionados por Haberman. En uno, cuatro jóvenes se transmitieron en vivo torturando a una adolescente, mientras una de las perpetradoras se quejaba ante cámaras: “Ustedes ni siquiera están comentando. Nadie está viendo”. O en esa otra chica que transmitió la violación de su amiga. Durante el juicio, el fiscal dijo que aunque inicialmente lo habría hecho para prevenir la violación, se quedó “atrapada en los ‘likes’”.

Como espectadores, nuestra relación con los videos supone un reto. Tenemos que preguntarnos antes de poner ‘grabar’ si es que nuestro video podrá servir –como de hecho muchas veces ha servido– para que los hechos se esclarezcan, para probar un crimen, para servir como posterior defensa a las víctimas. O si solo será útil para que ganemos likes.

Nota del editor: En la versión original del artículo se señalaba que la historia sobre las 38 personas que escucharon pedir ayuda a Kitty Genovese en 1964 había sido posteriormente 'cuestionada' cuando, en realidad, esa cifra había sido 'desmentida'.