El tren de la oportunidad, por Pedro Suárez-Vértiz
El tren de la oportunidad, por Pedro Suárez-Vértiz

Uno de los hechos en la historia de los Beatles, con el cual todo fan tiene sentimientos encontrados, es la inesperada expulsión de su baterista original para poder conseguir grabar su primer disco en agosto de 1962. Hasta el último año de su vida, John Lennon lo tuvo presente: “Fuimos unos cobardes en no comunicarle el despido personalmente a Pete. Se lo dejamos a Brian Epstein”. Duele mucho saber que el famoso lema ‘la unión hace la fuerza’ no funcionó esta vez.

Es más, demostró que a veces es errado tras el inminente éxito posterior de los Beatles. U2 o REM son bandas veteranas que se jactan de haber nacido, luchado y triunfado intactas en su formación original. Esto no pasó con John, Paul y George, quienes, sin ninguna contemplación, sacaron al baterista original –ya llamándose The Beatles– porque el productor de la Parlophone –subsidiaria de EMI– comentó que no dio la talla en la audición. Como dice mi amigo Mario Ghibellini: “La mayor ironía con relación a Pete Best es que pasó a la historia porque la historia le pasó al lado”. Best fue retirado de los Beatles –y reemplazado por Ringo Starr– justo en el umbral del salto a la fama universal.

Pete Best es acusado de no haber sido un tipo muy comprometido con la banda, un baterista promedio y mil cosas más. Aunque es claro que tantas fueron las disqueras que rechazaron a los Beatles en sus inicios, que estos no estaban dispuestos a perder la única chance que apareció al final con EMI. Lo que hubiesen tenido que hacer para no arriesgar tan preciada oportunidad lo habrían hecho. Y aquello fue rodar la cabeza del baterista. El hambre de triunfo de los Beatles era clara y poderosa desde que se conocieron. Recuerden que John quería el éxito de Elvis. Ya de adolescente, y viéndolo por primera vez, dijo decidido: “Ese es un buen empleo”. Además, la arenga que siempre utilizaban los aún desconocidos Beatles para animarse, cuando estaban en un apestoso camerino o había poco público, era: “¿A dónde vamos, muchachos? / A la cima, Johnny / ¿Y dónde queda eso, muchachos? / ¡En lo alto de lo más alto, Johnny!”. A Pete Best lo hemos visto – por segunda vez– en Lima, la semana pasada. Exactamente 54 años después de haber sido notificado de que los chicos ya no lo querían en el grupo. De hecho, se dedicó a la panadería hasta bien entrados los 80. Hoy toca canciones de la época del Cavern Club.

Las razones de esa dura expulsión han sido materia de debate hasta hoy. La causa real se originó tras la primera prueba del cuarteto ante el productor George Martin. Este le dijo a Brian Epstein –el mánager– que lo cambiaría por un baterista de ‘sesión’ para hacer una grabación decente. La circunstancia, al parecer, fue aprovechada por John, Paul y George, que conformaban ya un núcleo indisoluble. Así ocurrió el ‘dejar ir’ a Best. Ringo Starr, como la historia enseña, se incorporó al cuarteto y una reacción química innegable se produjo. EE.UU. lo adoró. Era el cartoon de la banda, además del perfecto músico para las canciones de los Beatles. Si Pete Best no hubiese sido objetado por EMI, ¿habría seguido como Beatle? Seguro que sí. ¿Pero hubiesen alcanzado el estratosférico éxito que tuvieron con Ringo? Eso nadie lo podría asegurar.

Finalmente, la explicación o lección de toda esta historia no se obtiene especulando sobre cómo habría sido el destino de los Beatles con Pete Best, sino virando la perspectiva hacia los zapatos de Ringo. Él era el baterista de Rory Storm, reconocida banda de Liverpool, amigo de George Harrison, se sabía el repertorio de los Beatles y además cantaba. En Ringo aparece la respuesta: el tren de la historia lo andaba buscando y él tenía las maletas listas. Como reza el dicho: “La suerte sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran”.

Esta columna fue publicada el 20 de agosto del 2016 en la revista Somos.