(Ilustración: Giovanni Tazza)
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Andrés Oppenheimer

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Cuando leí un artículo de la agencia oficial china Xinhua diciendo que China ha dado un “ejemplo” mundial de solidaridad con América Latina durante la pandemia de COVID-19, mi primera reacción fue decirme a mí mismo: “¡Esta gente no tiene vergüenza!”.

Aunque no creo en las teorías conspirativas de que China habría propagado intencionalmente el virus, hay pocas dudas de que la demora de China en informar al mundo sobre el primer brote del virus en Wuhan fue un gravísimo error. Muchas de las 1,7 millones de muertes por COVID-19 en el mundo podrían haberse evitado si China hubiera alertado al mundo desde un principio.

Entonces, cuando leí el artículo de Xinhua, no pude evitar verlo como un ejemplo clásico de hipocresía política. El artículo empieza diciendo que “Como un barco gigante navegando imperturbable por aguas agitadas, la relación entre China y América Latina y el Caribe ha estado avanzando de manera constante en medio de un turbulento 2020”.

En una bofetada tácita al “nacionalismo de las vacunas” del presidente Donald Trump, el artículo continúa diciendo que cuando el virus golpeó a América Latina, “China fue el primer país en echar una mano”. Agrega entre otras cosas que China “estableció el primer puente aéreo con Argentina y México para entregar suministros médicos muy necesarios”.

La “diplomacia médica” de China es un esfuerzo para tapar su error de no haber alertado al mundo sobre el brote de la pandemia. Pero una mirada más a fondo revela que no puede ser desechada como una fantasía.

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, anunció en julio un préstamo de US$1.000 millones a países de América Latina y el Caribe para comprar vacunas chinas contra el COVID-19.

Además, China ha firmado el convenio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el acceso rápido a la vacunas contra el COVID-19 para todos los países, o Covax. La iniciativa Covax ha sido financiada, entre otros, por Gran Bretaña, Canadá, Alemania, Italia y Estonia, y ya ha recaudado casi US$2.000 millones.

Trump, en cambio, se ha negado a participar en la iniciativa. Trump también firmó una orden ejecutiva que prohíbe a Estados Unidos enviar vacunas a cualquier otro país, y luego se jactó públicamente de ello.

El gobierno de EE.UU. dice que ha entregado más de US$220 millones en asistencia contra el COVID-19 a América Latina y el Caribe, más que cualquier otro país. Pero muchos expertos dicen que China ha dado más.

Benjamin Gedan, subdirector del programa latinoamericano del Wilson Center, con sede en Washington D.C., me dijo que “desde el comienzo de la pandemia, los chinos han sido más responsables y más generosos con América Latina que Estados Unidos”.

Cuando le pregunté por la orden ejecutiva de Trump de no exportar vacunas, Gedan me dijo que “en lugar de usar esto como una oportunidad para señalar el apoyo de Estados Unidos al mundo en desarrollo, Trump se jactó de que Estados Unidos no exportaría las vacunas. Es el mensaje más contraproducente que nadie podría haber imaginado”.

Por supuesto, no se puede culpar a Trump por cuidar primero a la gente de su país. Esa es una responsabilidad primordial de cualquier presidente. Pero la demagogia nacionalista de Trump, además de ser una pésima estrategia de relaciones públicas, oculta el hecho de que los estadounidenses no van a estar a salvo mientras la pandemia se siga extendiendo a nivel mundial.

Hay muchas formas en que Estados Unidos podría ayudar a América Latina sin exportar vacunas, como lo sería una contribución de fondos a la iniciativa Covax.

No hay héroes en esta tragedia: tanto China como Estados Unidos le han fallado al mundo. Es hora de que el presidente electo Joe Biden anuncie el apoyo de Estados Unidos a Covax y corrija este vergonzoso capítulo de la historia de Estados Unidos.


–Glosado y editado–

© El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Content Agency, LLC