"La verdad, sin embargo, es que lo de ordenada, quizás; pero lo de clara, ni un poquito, porque quien se contradice no es claro". (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)
"La verdad, sin embargo, es que lo de ordenada, quizás; pero lo de clara, ni un poquito, porque quien se contradice no es claro". (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)
Mario Ghibellini

Periodista

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El primer indicio lo proporcionan los candidatos que hablan de sí mismos en tercera persona. ensalza las virtudes de un tal César Acuña y rechaza las imputaciones que pesan sobre el ciudadano Ollanta Humala. ¿No conocen acaso los caballeros la magia de los pronombres personales? A pesar de su acotado dominio de la lengua, lo más probable es que sí. ¿Y por qué, entonces, se fabrican ese ‘doppelgänger’ que parece estar tan en campaña como ellos? Fácil: porque en el trance de una postulación presidencial, siempre es útil contar con una entidad fantasmal medio escindida de uno mismo que permita disimular el eventual auto-elogio o deshacerse de la responsabilidad de los desaguisados que se pudiera haber protagonizado en el pasado reciente o remoto. Ensayar, en suma, una sofisticada variante de la conocida coartada infantil que suele expresarse con la cantilena: “yo no fui, fue Teté”.

A veces el doble en cuestión es aludido con nombre y apellido, como en los casos ya señalados; pero en otras ocasiones, su existencia es sugerida de un modo más sutil. Esto es, a través de las perfectas contradicciones en las que el aspirante presidencial incurre sin asomo de rubor. Si hoy dice algo que niega o desmiente lo que dijo antes de ayer, pues seguramente lo de antes de ayer lo dijo alguien que se parecía mucho a él (o ella), pero que no era exactamente la misma persona. Así de sencillo.

—Libertad condicional—

Y no hablamos de una práctica que cultiven solo los candidatos más chapuceros –esos que un día ofrecen recuperar el Huáscar y al siguiente, clonar a Santa Rosa–, sino también los que la pegan de aplicados.

En la última semana, tal condición le ha sido atribuida insistentemente a , quien tienta el poder en estas bajo los colores de . La presunción es que la señora fue clara y ordenada durante su participación en el del domingo, lo que habría hecho de ella la postulante soñada.

La verdad, sin embargo, es que lo de ordenada, quizás; pero lo de clara, ni un poquito, porque quien se contradice no es claro. Y la severa aspirante del conglomerado zurdo no solamente se contradijo en esa ocasión a propósito de cosas que había declarado muy recientemente, sino que también mintió.

Mintió acerca de la supuesta “separación” de de JPP (lo cierto es que el fundador y líder de esa organización política ha sido solo “suspendido” en sus responsabilidades partidarias a propia solicitud). Y combinó contradicción con mentira cuando se le preguntó por los límites que, unos días antes y durante una entrevista, había planteado para la libertad de expresión cuando, según ella, la salud de la gente se pusiera en riesgo. “No es exacto que yo haya planteado límites”, proclamó Verónika. Y luego añadió: “Lo que yo hice fue expresar mi indignación porque sí hay algunos medios que abierta e impunemente desinforman, mienten sobre el tema de la vacuna”. ¿Ah, sí? ¿Expresar su indignación fue todo lo que hizo? A ver, recordemos qué fue lo que dijo textualmente en la referida entrevista… “Una cosa es la libertad de expresión, podemos discrepar, se pueden decir una serie de cosas, pero cuando se pone en riesgo la salud y la vida de la gente, hay que poner un límite”, fue lo que anotó inicialmente. Y luego, siempre en alusión a la libertad de expresión, añadió: “Vamos a defenderla a rajatabla, pero cuando se pone en riesgo a la ciudadanía, sí hay que ponerle un freno”. Por último, para coronar su intervención con una acotación que despejase las dudas sobre quién sería el encargado de imponer tales límites, recitó: “El Estado tiene que cuidar la salud y la vida de sus ciudadanos”. Es decir, a la señora se le salió el Stalin el lunes, y el domingo, después de que seguramente sus asesores le hubieran hecho notar que aquello sonó muy venezolano, negó haber dicho lo que en efecto dijo y se pronunció a favor de lo contrario. Y si eso no es la perfecta combinación de mentira y contradicción, pues ya no sabemos qué podría serlo… A menos, claro, que tengamos que asumir que lo del lunes lo dijo una persona distinta a ella. Una tal señora V, a lo mejor.

—La franquicia consentida —

La candidata de JPP es, en realidad, aficionada al género que comentamos desde hace tiempo. Lo estrenó cuando, a propósito de la posibilidad de que hubiera hecho anotaciones comprometedoras en las agendas de Nadine, pasó en unos meses del “lo rechazo categóricamente” al “no lo niego categóricamente”. Y lo perfeccionó cuando, tras haber sentenciado “hoy no tenemos partidos, sino franquicias electorales financiadas por el aporte de grandes empresas como ”, estuvo dispuesta a correr en estos comicios usando lo que, de acuerdo con las declaraciones de , sería precisamente una de esas franquicias. Porque el –que llevó a Yehude Simon como candidato a la presidencia regional de Lambayeque con un presunto aporte brasileño– es la organización que, con el nombre cambiado, la postula hoy a la presidencia.

Y no olvidemos que, ya en plena posesión de su arte, quiso desentenderse de lo que había dicho sobre la descaminada idea de reactivar la economía a través de la emisión de dinero en el BCR (“es una posibilidad que se evaluará en su momento”, fue lo que declaró originalmente) aseverando unos días después: “Lo dije en la entrevista de ayer y así consta en nuestro plan de gobierno: el BCR será autónomo y controlará la inflación”.

Contradecirse y salir bien librado de la experiencia es, pues, sin duda difícil. Pero, al parecer, como tantas otras cosas sobre las que nos advirtió el poeta, se aprende.