Patricia del Río

He estado pensando ¿con qué podría conmoverlos? Si les cuento que una niña de 11 años fue secuestrada y el domingo 9 de octubre, en manada por lo menos por tres sujetos (se sospecha que cinco) en Huancayo, ¿se espantan? Si agrego que fue dopada, que la encontraron encerrada en una casa vacía con los cinco borrachos, entre ellos un menor de 16 años, ¿se molestan? ¿No? A ver, probemos con esto. Ocurrió entre el 31 de agosto. La policía detuvo a Edgar Arnold Gonzales Ortiz (25), por violar a una niña de 5 años. La pequeña, que estaba jugando con la hermanita del violador, fue atacada cuando fue al baño. Como lloraba y no paraba de sangrar, se la devolvió a la madre alegando que había sufrido una fuerte caída.

Disculpen que insista, pero últimamente andamos sin querer saber nada de lo que ocurre y quién sabe si para transformar esa apatía en grito debamos enterarnos de que el 27 de junio, una joven de 22 años que acababa de ser operada de un tumor al cerebro fue violada mientras se recuperaba en la UCI del Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas, en Huancayo. Como su condición no le permitía comunicarse, su madre se enteró varias semanas después, cuando su hija logró hacerse entender con balbuceos. El hospital ya tenía conocimiento del hecho y no habían comunicado nada. Hasta ahora no hay detenidos.

Yo sé que es agotador, pero recordemos que la última vez que nos indignamos fue por la violación y muerte de Damaris, de 3 años, atacada en Chiclayo, el 12 de abril, por una bestia que después se suicidó. Los políticos exigieron pena de muerte y Castillo ofreció la inútil castración química. A nadie pareció importarle, sin embargo, cuando cuatro días después, en San Martín, apareció el cadáver de un bebe de un año y ocho meses al que su tío había violado, matado y arrojado a una acequia.

Hay mucho más, pero ya termino: el 17 de agosto un abuelo se entregó por haber violado a su nieta de 12 años, en San Jerónimo, Cusco. Ese mismo día, un chofer de colectivo raptó, dopó y violó a una niña de 12 años en San Juan de Lurigancho. El 11 de junio fue capturado Adrián Macuchua Papa (26), se le buscaba desde el 2019 por haber violado a una niña de 4 años y el 28 de setiembre, en Ica, fue condenado a cadena perpetua Wilmer Juan Fernández Morillo (48) por haber violado reiteradamente a su hija de 10 años.

Quiero pensar que este recuento incompleto duele más que las cifras. Quiero convencerme de que, si no los ha dejado horrorizados el hecho de que en el año ya se registraron 5.805 casos de violación sexual, de los cuales 3.964 son a menores de edad, tal vez graficar este calvario con algunas monstruosidades ayude a comprender que este no es un asunto de caviares o fachos; esto es una epidemia que nos ha convertido en un país de . Sí, de violadores, porque si usted no se quiere enterar de lo que pasa, entonces es cómplice de ese ultrajador que se sabe amparado por una sociedad que no presta atención. Porque si usted es de los que no quiere que se hable de educación sexual en los colegios les está negando a esos niños la opción de encontrar un espacio de contención para denunciar lo que muchas veces les pasa en su propia casa. Afrontémoslo de una vez, este no es un problema de personas, es un problema social. Y mientras no aceptemos que hemos construido una sociedad que prefiere obligar a una niña de nueve años a tener un hijo producto de una violación, antes que cambiar de raíz la estructura que sostiene al ultrajador, entonces merecemos irnos todos al infierno. O a donde sea que terminan los que no quieren que nada cambie.

Patricia del Río es periodista

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