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Federico Salazar

Periodista

El presidente , sin duda con audacia y arrojo, planteó al   . Lamentablemente, esta audacia y arrojo apuntan a quebrantar la Constitución.

La Constitución dice: “El Congreso de la República se elige por un período de cinco años…” (art. 90). También establece el mandato presidencial de cinco años (art. 112).

El presidente Vizcarra propone reducir el mandato de las elecciones generales del 2016. Después del 2020, el mandato volvería a un período de cinco años.

Elegimos plancha presidencial y congresistas por cinco años. El Ejecutivo quiere cambiar las reglas de juego a mitad de camino.

Un quebrantamiento tal del ordenamiento constitucional y del mandato tendría que sostenerse en un hecho de enorme gravedad (como en el 2000, que hubo fraude electoral). Este no es el caso.

La motivación del proyecto de reforma constitucional es breve, vaga e insostenible.

“El adelanto de elecciones constituye el mecanismo idóneo para superar la actual crisis política en la que se advierte una notoria dificultad para encontrar consensos entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, con el consiguiente perjuicio de la ciudadanía” (Proyecto…, p. 11).

De al Congreso, esto es todo lo que hay sobre la necesidad del quiebre de la Constitución. Todo lo demás son referencias, antecedentes, consecuencias, reflexiones, historia, etc.

¿En qué parte de la Constitución se dice que si no hay consenso entre los poderes cabe pedir adelanto de elecciones? Un argumento, al menos para disolver el Congreso, es que este impida al Ejecutivo realizar sus tareas de gobierno.

Con todo lo que nos quejamos del Legislativo, ese no ha sido uno de sus vicios. Tan es así, que el presidente Vizcarra dedicó su largo mensaje a la nación a dar cuenta de todas las acciones de gobierno y relató cuáles eran sus objetivos para lo que venía.

El Ejecutivo no puede aducir obstaculización a sus acciones gubernamentales. Ni siquiera a sus iniciativas de reforma constitucional con relación al sistema electoral. El Congreso ha aprobado buena parte de las reformas propuestas.

Las reformas políticas, sin embargo, no parecen importar mucho al presidente Vizcarra. Más parece haberlas utilizado para tener con qué arrinconar a la mayoría del Parlamento.

El ajedrez político de Martín Vizcarra es efectivo. Ha sabido aprovechar la ineptitud política de sus adversarios. Se ha subido, así, a la ola popular que quiere cerrar el Congreso.

Cerrar el Congreso, sin embargo, es inconstitucional. ¿Cómo, entonces, mandar a sus casas a los vilipendiados congresistas? El Ejecutivo cree haber encontrado una fórmula en el adelanto de las elecciones.

El adelanto de elecciones es una fórmula en el Reino Unido, pero no en el Perú.

El argumento de “una notoria dificultad para encontrar consensos” es inaceptable para cambiar las reglas de juego de un proceso electoral del 2016. Si eso se acepta, mañana podrá venir otro presidente y decir (o simular) una dificultad para el “consenso”, y cambiar nuevamente los términos del mandato.

El presidente no debe moldear la Constitución según sus opiniones políticas. No es ni debe convertirse en un poder constituyente. Que tenga la posibilidad política de hacerlo no quiere decir que tenga la facultad legal.

Tenemos que ser responsables de nuestras elecciones. La mayoría eligió a este Congreso y todos debemos asumir las consecuencias de su mala elección.

Un proceso electoral precipitado, sin haberse afirmado las reformas electorales y políticas, ¿nos va a llevar a una mejor elección?

¿Quería el presidente Vizcarra mejorar el sistema político? Elecciones en menos de un año, ¿garantizan procesos de institucionalización partidaria?

Los candidatos ¿no van a tener que buscarse partidos-vientre-de- alquiler? ¿Y no era esto lo que se quería evitar? ¿No queríamos formar partidos institucionales?

Querer mandar a sus casas a muchos congresistas no puede llevarnos a quebrar la Constitución, a liquidar la reforma política y a consagrar un sistema en el que cada presidente quiebra a su gusto la Constitución.

El cambio propuesto es inconstitucional y reafirma la irresponsabilidad electoral. Total, si elegimos mal, ¡mañana volvemos a cambiar el mandato!

La Constitución es lo contrario al espasmo.