Editorial: Nosotros ‘cutreamos’ menos
Editorial: Nosotros ‘cutreamos’ menos

El domingo por la noche, mientras participaba en una mesa de invitados del programa “Sin medias tintas”, el parlamentario de Fuerza Popular Luis Galarreta respondió con torpeza a una provocadora comparación planteada por el legislador oficialista Carlos Bruce entre las perniciosas ‘asesorías’ de Carlos Moreno y Vladimiro Montesinos a los gobiernos en los que tuvieron presencia.

En su afán por atenuar las dimensiones del despropósito que supuso haber nombrado asesor presidencial al promotor de los ‘negociazos’ con los pacientes del SIS, Bruce contrastó la celeridad con la que la actual administración se deshizo de él con los diez años que le tomó al fujimorismo hacer lo propio con el ‘Doc’… y Galarreta cayó redondo en el ardid.

“Montesinos aparece casi a la mitad del gobierno”, alegó. Y luego, cuando el entrevistador le pidió que precisara si pensaba que Moreno tuvo en este gobierno más poder que el que Montesinos tuvo en el de Fujimori, terminó de hundirse en las arenas movedizas de su declaración inicial. “Ahorita, lo que hemos visto de Moreno en el tema salud… ¡por favor!”, apuntó. Y agregó: “No creo que Montesinos haya estado metido en ese tema”.

Con lo que dejó la sensación de querer restarles gravedad, una vez más en la historia política del fujimorismo, a las fechorías de quien manejó los siniestros hilos del SIN y orquestó buena parte de la corrupción que campeó en el Estado peruano en los noventas.

Entrevistado más tarde por el diario “Correo”, Galarreta insistió además en la aparatosa falsedad con la que había intentado darle sustancia a su argumento. A saber, la tesis de que “Montesinos no empezó a usar el poder que tenía a comienzos del gobierno”.

Como sabe cualquier persona informada, sin embargo, los oscuros manejos del ‘Doc’ se hicieron notar desde la segunda vuelta de las elecciones de 1990 (es decir, antes de que Fujimori hubiese sido siquiera elegido presidente), cuando ayudó al entonces candidato de Cambio 90 a limpiar milagrosamente algunos problemas de evasión tributaria que amenazaban sus posibilidades electorales.

Ya iniciado el gobierno, por otro lado, su inquietante presencia fue advertida por la prensa desde un principio, al punto de que, tan tempranamente como en 1991, apareció en la encuesta anual del poder del grupo Apoyo en el puesto 12. Y para el 5 de abril de 1992, cuando, tras solo un año y ocho meses de gobierno, el ingeniero Fujimori dio el autogolpe, ya todas las miradas estaban centradas en su tenebroso asesor. Que en los ocho años siguientes su poder solo se incrementase no es excusa para pretender ahora que no era grueso y ostensible desde antes.

La circunstancia de que incidiese o no en el sector Salud, por otra parte, es realmente anecdótica, pues la corrupción que encabezó no solo penetró de alguna manera todas las esferas del Estado, sino que se enquistó en un punto tan neurálgico del mismo que pudo buscar ganancias en las operaciones donde más dinero se movía; como, por ejemplo, las adquisiciones militares. Salud, en ese contexto, podría haber parecido una fuente de granjerías menor. 

Sin que esto disminuya, entonces, un ápice la responsabilidad que pesa sobre esta administración y el presidente Kuczynski por haber colocado, sin que hubiera pasado por los filtros adecuados, a Carlos Moreno en el puesto en el que se lo colocó, así como por haber tratado de disfrazar el problema cuando fue detectado (al decir a los medios que Moreno había dejado su puesto porque tenía “mucho trabajo”), es claro que estamos hablando de magnitudes distintas. Y que, por último, los argumentos del tipo “tu corrupto es peor que el mío” son deleznables en cualquier caso.

No podemos aceptar esta variante exculpatoria de la tesis del ‘mal menor’ ni de Bruce ni de Galarratea ni de nadie, porque si no, no será raro que, junto al eslogan “roba pero hace obra”, pronto empecemos a escuchar otro que diga: “nosotros ‘cutreamos’ menos”.